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Sociedad

Jueves Santo: por qué se conmemora y qué pasa si como carne roja

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El Jueves Santo, que cae el 28 de marzo en 2024, es una jornada clave en la Semana Santa cristiana, marcando el inicio del Triduo Pascual. En este día se rememora la Última Cena de Jesús con sus doce apóstoles, un evento fundamental en la fe cristiana. Durante la cena, Jesús instituyó la Eucaristía, tomando pan y vino y asignándoles un nuevo significado como su cuerpo y sangre. Este acto es central en la práctica del sacramento de la comunión en la Iglesia.

Otro momento crucial del Jueves Santo es el lavatorio de pies. Jesús, en un acto de humildad, lavó los pies de sus discípulos, estableciendo un ejemplo de servicio y amor al prójimo. Este acto simboliza la importancia de la humildad y el servicio en la vida cristiana. La Iglesia católica conmemora este evento para recordar a los fieles sobre la necesidad de servir a los demás con amor y humildad.

Jesús lavando los pies de sus discípulos (Foto: Adobe Stock).
Jesús lavando los pies de sus discípulos (Foto: Adobe Stock).Por: Bargais – stock.adobe.com

Tras la cena, Jesús se dirigió al Huerto de Getsemaní para orar, enfrentando la angustia ante su sacrificio inminente. Este momento muestra la naturaleza humana de Jesús, su obediencia y aceptación del plan divino. Aquí, Jesús ora intensamente, enfrentando su destino con resignación y coraje, un modelo de fe y confianza en Dios.

La noche del Jueves Santo también se destaca por la traición de Judas Iscariote, uno de los apóstoles. Judas identifica a Jesús con un beso ante los sacerdotes, lo que lleva a su arresto. Este acto de traición es un componente crítico en los eventos que conducen a la crucifixión de Jesús, y es recordado como una advertencia contra la traición y el engaño.

Finalmente, el Jueves Santo es esencial para entender la Semana Santa y la fe cristiana. Los eventos de este día establecen el tono para los siguientes días sagrados del Triduo Pascual, que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Estos días son de reflexión profunda, recordando el sacrificio de Jesús y su amor incondicional por la humanidad.

¿Se come carne el Jueves Santo?

En muchas tradiciones cristianas, especialmente en la católica, se sigue la práctica de la abstinencia de carne durante los días sagrados de la Semana Santa, incluido el Jueves Santo. La abstinencia de carne es vista como un acto de penitencia y reflexión. Sin embargo, las normas específicas pueden variar según la región y la comunidad.

En la Iglesia católica, tradicionalmente se observa la abstinencia de carne todos los viernes durante la Cuaresma, que culmina con la Semana Santa. Aunque el Jueves Santo no es obligatoriamente un día de abstinencia, muchos fieles eligen voluntariamente seguir esta práctica como una forma de preparación espiritual para los días santos que siguen, particularmente el Viernes Santo, que es un día de ayuno y abstinencia estrictos.

Qué días no se come carne en Semana Santa

En la tradición católica, hay dos días específicos durante la Semana Santa en los que se practica la abstinencia de carne:

  • Viernes Santo: Este es el día más estricto en cuanto a la abstinencia de carne. Viernes Santo conmemora la crucifixión y muerte de Jesucristo, y es un día de ayuno y abstinencia obligatoria para los católicos adultos. El ayuno implica consumir solo una comida completa durante el día, y la abstinencia se refiere a evitar comer carne.
  • Miércoles de Ceniza: Aunque no es parte de la Semana Santa per se, el Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma y también es un día de ayuno y abstinencia de carne. Durante todos los viernes de la Cuaresma, incluyendo los viernes que caen dentro de la Semana Santa excepto el Viernes Santo, se practica también la abstinencia de carne, pero sin el requisito del ayuno.

Cuáles son las mejores comidas con pescado esta Semana Santa, para no comer carne roja

  • Paella de Mariscos: este clásico plato español es perfecto para compartir. La paella combina arroz, azafrán, y una variedad de mariscos como camarones, mejillones y calamares. Puedes agregarle trozos de pescado para hacerla aún más deliciosa.
  • Filete de Merluza al Horno o a la Parrilla: la merluza es un pescado versátil y sabroso. Puedes prepararlo al horno con un toque de limón, ajo, y hierbas aromáticas, o a la parrilla para una opción más ligera. Sirve con verduras al vapor o una ensalada fresca para una comida completa.
  • Rabas: las rabas, o anillos de calamar rebozados y fritos, son un aperitivo popular y delicioso. Sírvelas con rodajas de limón y una salsa tártara o aioli para darles un sabor extra. Son ideales para empezar la comida o como un plato para compartir.

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Bienestar

La maduración infantil: la importancia del tiempo y el respeto en el proceso propio de cada niño

La infancia, marcada por la exploración y el descubrimiento, a menudo puede verse influenciada por categorizaciones sociales y médico-psicológicas precipitadas. Cómo una profunda reflexión sobre la evolución natural puede beneficiar la salud mental de niños y niñas

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La niñez en general es etiquetada normativizada, lo que refuerza la idea de que existe una forma correcta de ser niño o niña, o una única manera de transitar la infancia. El apuro del mundo adulto en definir tempranamente desde la identidad hasta el padecimiento en la infancia, muchas veces haciéndolo coincidir con un diagnóstico, no respeta los tiempos ni la lógica del desarrollo infantil.

La precipitación en cómo se aborda la construcción de la identidad y se acompañan los padecimientos infantiles, pone en evidencia la disonancia entre los tiempos del desarrollo infantil y las expectativas adultas.

Ante esta realidad, emerge la importancia de impulsar abordajes más empáticos que prioricen la exploración de las condiciones psicosociales antes de proceder a clasificar e intervenir. El respeto por los tiempos de maduración, la empatía hacia las vivencias de angustia y el cuestionamiento de las prácticas de medicalización y etiquetado, surgen como principios fundamentales para custodiar el desarrollo sano y pleno de cada niño y niña, garantizando un apoyo que genuino que refleje la singularidad de cada trayecto vital.

Es fundamental respetar la singularidad de cada niño/a, reconociendo la diversidad en los procesos de desarrollo y evitando la imposición de diagnósticos que pueden estigmatizar o limitar el potencial de los menores (Imagen Ilustrativa Infobae)Es fundamental respetar la singularidad de cada niño/a, reconociendo la diversidad en los procesos de desarrollo y evitando la imposición de diagnósticos que pueden estigmatizar o limitar el potencial de los menores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La noticia de comienzo de este año sobre el cierre de la clínica pediátrica de Tavistock en el Reino Unido y la prohibición de los llamados bloqueadores de pubertad ha generado un debate intenso en el ámbito de la salud mental infantil y adolescente, que todavía estamos teniendo.

Las clínicas de identidad de género en Inglaterra dejaron de recetar fármacos bloqueadores de la pubertad a los menores trans, según confirmó la Seguridad Social inglesa (NHS England). Estos fármacos detienen los cambios físicos de la pubertad, como el desarrollo de los senos o el vello facial, actuando sobre las hormonas: testosterona, progesterona y estrógeno. La decisión se produjo después de que la Seguridad Social inglesa encargara en 2020 una revisión independiente de los servicios de identidad de género para menores de 18 años.

“Es absolutamente correcto que los niños y jóvenes, que pueden estar enfrentando una gama compleja de problemas relacionados con su identidad de género, obtengan el mejor apoyo y experiencia posibles durante su atención”, afirmó la doctora Hilary Cass, a cargo del informe donde se asegura que un tratamiento médico no es necesariamente la mejor opción para la niñez trans y recomienda que no se les prescriba sin haber analizado previamente su salud mental o condiciones psicosociales. Lo más grave es que certifica que “no hay pruebas sólidas sobre los resultados a largo plazo de estas intervenciones para gestionar la angustia relacionada con el género”.

Desde una perspectiva psicoanalítica y de género, es imperativo examinar las etiquetas y prácticas médico-psicológicas hacia la niñez, promoviendo un enfoque más empático y menos intervencionista en el acompañamiento de su desarrollo

 (Imagen Ilustrativa Infobae)Desde una perspectiva psicoanalítica y de género, es imperativo examinar las etiquetas y prácticas médico-psicológicas hacia la niñez, promoviendo un enfoque más empático y menos intervencionista en el acompañamiento de su desarrollo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde una perspectiva psicoanalítica y de género, es crucial examinar críticamente tanto las etiquetas sociales como las prácticas médico-psicológicas que se han venido utilizando.

La identidad es un constructo complejo y multifacético, influenciado por una variedad de factores psicológicos, sociales y culturales, que no tiene un tiempo de culminación, pero sí un proceso que se debería respetar.

Las etiquetas imponen expectativas rígidas sobre cómo deben comportarse y expresarse los niños y niñas según su género, esto puede llevar a la invisibilización y la invalidación de las experiencias de aquellos que no se ajustan a ellas. También puede llevar a la toma de resoluciones de urgencia, que pueden generar daño en la salud mental.

Por ello, antes de etiquetar las experiencias, vivencias y angustias de los niños y niñas, es necesario explorar de manera más profunda las dinámicas inconscientes que subyacen a la construcción de la identidad, que es, como ya se dijo, multifacética.

La maduración infantil descrita como una serie de ajustes y desajustes subraya la necesidad de otorgar tiempo al desarrollo subjetivo, permitiendo a niños y niñas vivir sus propios procesos sin la presión de encajar en moldes predeterminados.

(Imagen Ilustrativa Infobae)La maduración infantil descrita como una serie de ajustes y desajustes subraya la necesidad de otorgar tiempo al desarrollo subjetivo, permitiendo a niños y niñas vivir sus propios procesos sin la presión de encajar en moldes predeterminados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hace años asistimos también a la proliferación de múltiples y variadas herramientas (test, escalas y encuestas) producidas con el fin de diagnosticar diferentes problemáticas y experiencias que pueden presentarse en los niños y niñas. Algunos diagnósticos se realizan de manera online a través de multiple choice, sin ningún tipo de verificación. También hay infinidad de publicaciones que relatan, muchas veces de manera obscena, vivencias y padecimientos del dolor infantil.

Existe una notable insistencia en que todo debe encajar en algún lugar y muy tempranamente, binario – no binario, enfermedad – salud, cuando los procesos de maduración infantil no son tan radicales, ni tan sencillos ni rápidos.

Los procesos de maduración describen la evolución del yo, del sí mismo, de la personalidad y esta evolución implica fallas, conflictos, miedos y amenazas. Tanto como desajustes, ajustes y avances y retrocesos, por ello debe otorgarse tiempo al devenir subjetivo.

El periodo de maduración infantil es un proceso dinámico que incluye desajustes y conflictos, por tanto, es crucial permitir el tiempo adecuado para el desarrollo subjetivo sin apresurar diagnósticos o intervenciones  (Imagen ilustrativa Infobae)El periodo de maduración infantil es un proceso dinámico que incluye desajustes y conflictos, por tanto, es crucial permitir el tiempo adecuado para el desarrollo subjetivo sin apresurar diagnósticos o intervenciones (Imagen ilustrativa Infobae)

Los niños y niñas encuentran diferentes formas de denunciar su malestar, su padecimiento o la necesidad de más atención. Eso no significa que padezcan algún trastorno, todo lo contrario, son lo suficientemente sanos para alzar su queja de una manera que incomode para conseguir lo que necesitan.

He visto niños con el corazón roto por el desamor, diagnosticados y medicalizados por trastornos de atención y en realidad lo que denunciaban era la falta de atención del otro, del adulto que no podía sostenerlos. También he atendido niños que pueden ser capaces de cualquier cosa con tal de recibir amor y aceptación, hasta enfermarse.

En los últimos tiempos, y en una economía de tiempos y recursos, cualquier rastro de lo que puede ser diferente a lo esperable prende las alarmas, y nuevamente aparece el sujeto infantil examinado, cuestionado y clasificado para comodidad del mundo adulto.

Diagnosticar a niños con base en síntomas sin investigar las causas subyacentes puede llevar a errores que afecten su salud mental, subrayando la importancia de un enfoque cuidadoso y reflexivo en el manejo de sus vivencias y padecimientos.

(Imagen ilustrativa Infobae)Diagnosticar a niños con base en síntomas sin investigar las causas subyacentes puede llevar a errores que afecten su salud mental, subrayando la importancia de un enfoque cuidadoso y reflexivo en el manejo de sus vivencias y padecimientos. (Imagen ilustrativa Infobae)

“Sos esto, tenés aquello”, con la indicación de intervención para cambiarlo, que es lo mismo que decir “no deberías ser así” lo que implica una descalificación y un reto para la salud mental, especialmente cuando se encuentra en desarrollo.

Muchas veces la forma de gestionar el dolor en los niños y niñas llama mucho la atención, eso no significa que se encuentren enfermos o que requieran de tratamiento. A veces con el soporte y la empatía alcanza.

Si bien el diagnóstico en trastornos graves del desarrollo es fundamental porque da lugar a una oportuna intervención, no todo en la infancia es diagnosticable y etiquetable, porque tratamos con sujetos en desarrollo. Aquello que puede mostrarse en un momento como una anomalía y que puede traer padecimiento muchas veces es parte del crecimiento, la construcción de la identidad, las identificaciones y también la denuncia de situaciones dolorosas.

Erróneamente, se intenta ajustar las complejidades de la infancia a categorías binarias o diagnósticos definitivos, sin considerar la naturaleza gradual y no lineal del desarrollo infantil (Getty Images)Erróneamente, se intenta ajustar las complejidades de la infancia a categorías binarias o diagnósticos definitivos, sin considerar la naturaleza gradual y no lineal del desarrollo infantil (Getty Images)

La imposición de categorías diagnósticas o identitarias puede generar sentimientos de confusión, ansiedad y vergüenza en los niños y jóvenes que los reciben, y puede dejarlos coagulados en una clasificación de la que es difícil salir. Algunas veces estas imposiciones tienen el carácter de maltrato infantil.

Otras veces el diagnóstico constituye una forma de acceder a los derechos de los niños y las niñas, para que la obra social, la prepaga o el estado, a través de la salud pública, cubra los gastos para la estimulación de las capacidades. Cubra las necesidades especiales para que se recupere y sane y se sienta bien consigo mismo.

Otra secuela de las clasificaciones prematuras es la medicalización, que tiene como efecto, entre otras cosas, universalizar y homogeneizar a toda la población infantil que presenta supuestas disfunciones. No todos los niños y niñas que no se ajusten a lo establecido del ideal social, médico o parental pueden ser diagnosticados como sujetos con patología.

La urgencia en catalogar conduce a errores diagnósticos, como el sobre o subdiagnóstico del trastorno por déficit de atenciónLa urgencia en catalogar conduce a errores diagnósticos, como el sobre o subdiagnóstico del trastorno por déficit de atención

Un ejemplo de ello es el sobrediagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención (TDA). El diagnóstico está por encima de la prevalencia porque existe un medicamento que parece mejorar los síntomas de concentración y muchas veces es más fácil recomendarlo que investigar en profundidad qué le pasa al niño y niña, ¿qué están contando los síntomas? La urgencia en catalogar conduce a errores diagnósticos (sobre o subdiagnóstico), a dejar de lado aspectos relevantes, a no reunir la información suficiente para diseñar el mejor plan posible de intervención, que no siempre es la medicación.

Es prioritario el respeto por la singularidad de cada niño y niña, los tiempos, procesos y las operaciones y simbólicas. La prisa para que responda de tal o cual manera está ligada al ideal de los adultos, es adultocentrista. En la clínica nos encontramos con la difícil posición de los padres que muchas veces imaginaron a un niño que no es como su hijo. Esa discordancia entre el deseo y la realidad muchas veces se interpreta como una falla. Y cuando las supuestas fallas se presentan como trastornos y se interviene sobre ellos, ahí comienzan los problemas de salud mental para los niños y deja a los padres capturados en circuitos sin salida de decepción en decepción.

El proceso de subjetivación siempre cumple el mismo recorrido, pero también responde a ideales epocales. La intolerancia o la angustia de los padres, profesionales, maestros en relación con los tiempos singulares de cada niño van en contra de un proceso legítimo y auténtico de desarrollo.

Cuidemos la infancia porque es para siempre.

*Sonia Almada es Licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Participa como divulgadora de temáticas de infancias y juventudes en diferentes medios de comunicación. Fundó en 2003 la asociación civil Aralma desde donde impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de “La niña deshilachada”, sobre prevención de la violencia sexual en la infancia; “Me gusta como soy”, sobre prevención del acoso escolar de literatura LIJ y “La niña del campanario”, una obra de no-ficción.

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