Zaida Troyano, dermatóloga: “Durante un tratamiento oncológico, el cuidado dermatológico no es un lujo”

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Columnista invitada l Sequedad, ampollas en manos y pies, sensibilidad al sol: molestias frecuentes que muchas veces se pueden prevenir. Qué medidas sencillas conviene sumar desde el primer día.

Octubre es el mes de concientización sobre el cáncer de mama, y gran parte de la conversación se centra —con razón— en la detección temprana y los tratamientos. Pero hay un aspecto que suele quedar en segundo plano y que impacta de lleno en la calidad de vida de las pacientes: qué le pasa a la piel y al pelo durante la radioterapia o la quimioterapia, y por qué el dermatólogo debería ser parte del equipo desde el principio.

La piel cumple un trabajo silencioso: protege, retiene la humedad y nos defiende de las agresiones. Los tratamientos oncológicos pueden dificultarle esa tarea.

Por eso, durante el tratamiento, lo ideal es simplificar la rutina: limpiadores suaves, idealmente sin fragancias, e hidratantes que ayuden a reconstruir esa barrera (ceramidas, ácido hialurónico, manteca de karité). No se trata de “usar más productos”, sino de elegir mejor. Y hay que pensar en la piel de todo el cuerpo, no solo en la de la cara: manos y pies también cuentan.

La quimioterapia causa fotosensibilidad. Freepick
La quimioterapia causa fotosensibilidad. Freepick

La protección solar es esencial. Muchos tratamientos oncológicos generan fotosensibilidad, es decir, que la piel reaccione de forma exagerada al sol: manchas, quemaduras con más facilidad, agravamiento de lesiones ya existentes. Además, la piel que pasó por radioterapia muchas veces queda más sensible. Algunas medidas útiles:

  • Evitar la exposición directa al sol y usar ropa con protección UV.
  • Aplicar protector solar en las zonas que queden descubiertas.
  • Sumar gorra o sombrero y lentes con protección UV, para cuidar el cuero cabelludo y los párpados.

Cuando la piel se convierte en un obstáculo

Esto es, quizás, lo menos conocido: muchos quimioterápicos y terapias biológicas producen lesiones en la piel —desde erupciones y sequedad extrema hasta reacciones más severas— que en ciertos casos llevan al equipo tratante a reducir la dosis o directamente suspender el tratamiento oncológico. Y acá está el punto central: en muchos casos, esa suspensión podría evitarse.

Si se mejora la calidad de la piel antes de empezar el tratamiento, muchos eventos adversos como la sequedad o la irritación pueden prevenirse. Y si aparecen lesiones, la consulta dermatológica temprana es fundamental: tratadas a tiempo, en la mayoría de los casos permiten que la paciente continúe con su esquema sin interrupciones.

La consulta dermatológica no debería ser el último recurso cuando ya apareció una lesión grave, sino parte del acompañamiento desde el inicio. No es un detalle menor: sostener el tratamiento sin pausas innecesarias puede ser determinante para su efectividad.

Manos y pies: una zona que requiere atención especial

Ciertos quimioterápicos pueden producir lo que se conoce como síndrome mano-pie: enrojecimiento, hinchazón, sensibilidad y, en casos más avanzados, ampollas y descamación en las palmas y las plantas. No solo es doloroso: puede afectar actividades tan básicas como caminar o usar las manos para trabajar, cocinar o higienizarse.

La prevención incluye:

  • Hidratación intensiva todos los días.
  • Evitar el agua muy caliente.
  • Usar calzado cómodo y sin roce.
  • • Consultar apenas aparecen los primeros síntomas, sin esperar a que la molestia sea insoportable. Cuanto antes se identifica, más simple es el manejo.

En cuanto a las uñas, conviene cortarlas con cuidado para no lastimar la piel y evitar cortar las cutículas, porque aumenta el riesgo de infecciones. Tampoco se recomiendan los esmaltes que puedan dañar la placa ungueal: mejor reservarlos para ocasiones especiales.

El pelo y una alternativa que gana terreno

La caída del cabello sigue siendo uno de los efectos más temidos de la quimioterapia, por su impacto emocional y en la identidad de la paciente. En los últimos años se popularizó una alternativa: los cascos fríos (cold caps).

Se colocan durante la infusión y, al bajar la temperatura del cuero cabelludo, reducen el flujo sanguíneo hacia los folículos y disminuyen la cantidad de quimioterápico que llega a ellos. Esto puede traducirse en una caída significativamente menor en muchas pacientes, aunque no funciona igual para todos los esquemas ni para todas las personas. Vale la pena conversarlo con el equipo tratante antes de empezar.

El cuidado dermatológico durante un tratamiento oncológico no es un lujo ni un capricho estético: es parte del tratamiento integral. Una piel cuidada, manos y pies sin lesiones y una consulta a tiempo pueden marcar la diferencia entre sostener un tratamiento como está indicado o tener que interrumpirlo por complicaciones evitables. Incorporar al dermatólogo al equipo multidisciplinario desde el día uno debería ser la norma, no la excepción.

(*) Zaida Troyano. Médica cirujana (MP 31.416/5), especialista en Clínica Médica (MN: 129.453) y en Dermatología (CE 17.223). (@drazaidatroyano).

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