Con la Virgen de Itatí, el chamamé llegó a la Catedral Metropolitana

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El 19 de septiembre, en la Catedral de Buenos Aires se vivió por primera vez una misa chamamecera junto a la imagen de la Virgen de Itatí. El músico y gestor cultural Cayo Fernández, impulsor de la propuesta, dialogó con diario época y explicó sobre esta expresión de fe e identidad.

La imagen de la Virgen de Itatí peregrinó desde el atrio hasta el altar de una de las catedrales más importante del país. Y como correntinos, esa escena se vivió con la piel erizada, los ojos llenos de lágrimas y a más de uno se les escapó un sapukái. Y es que de principio a fin ese día quedará grabado en la memoria por lo significa para la fe y por lo que logró el chamamé. Antes de que comenzara la misa ya se había hecho presente esa emoción que, según Cayo Fernández, atravesaría toda la celebración que además fue en el Día del Chamamé.

“No podíamos empezar la santa misa sin que primero se la presente nuestra Madre de Itatí que peregrinó entre aplausos, sapukái, pañuelos, llantos y chamamé”, recordó el músico y gestor cultural correntino a diario época. “Así comenzó la celebración, destapamos una emoción que estuvo presente luego en toda la misa”.

La celebración del 19 de septiembre fue la primera misa chamamecera realizada en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, una de las más importantes del país. La presidió el obispo auxiliar Iván Dornelles, también correntino, y reunió a músicos chamameceros radicados en Buenos Aires con una comunidad que, como contó Fernández, llegó desde distintos puntos de la provincia.

“Desde dónde nosotros estábamos no podíamos ver a la gente, pero sí escucharlas, y ese primer coro de Sapucay ya nos emocionó, a todos por igual, hasta la misma cantante colombiana que nos acompañó”, relató. “O sea no pudimos contenernos, también dejamos que la emoción salga”.

Una tradición que encontró su camino hasta la Catedral

La propuesta de Fernández hunde sus raíces en las misas del padre Julián Zini que, según contó, se realizaban en Mercedes durante la década del 70. “Él escribía con el contenido litúrgico debido y los músicos se encargaban de la composición: Julio (Cáceres), el Gringo (Sheridan), Francisco Cerimelle, Tito (Gómez), Rosita (Leiva) eran los que conformaban el ministerio musical en la parroquia de Mercedes”, detalló.

El gestor cultural aclaró “no podemos negar que en nuestras iglesias siempre la misa tiene uno que otro chamamé, solo que sin los instrumentos típico del género, como en aquella época de la que hablamos y de eso se trata”.

A esa raíz, Fernández sumó una marca propia: el guion litúrgico en versos recitados. “Porque también es parte del chamamé el recitado”, explicó. Su idea es que la misa incluya los instrumentos característicos, el repertorio chamamecero y esos versos, sin dejar de respetar la liturgia y cada festividad.

En 2019, junto con Zini, realizó la celebración en el barrio Doctor Montaña, donde vive, durante la fiesta patronal de Santa Catalina de Alejandría. Después llegaron las invitaciones de otros lugares de Corrientes: Yapeyú, San Carlos, Santo Tomé, La Cruz e Ituzaingó, entre otros.

LA CATEDRAL ESTUVO COLMADA DE GENTE Y EMOCIÓN.

La convocatoria para llegar a la Catedral Metropolitana surgió a partir de una propuesta de Selvetty Romero, un correntino radicado en Morón, al obispo Dornelles. Como Fernández venía difundiendo su trabajo en redes y en distintos medios; así es como se conectan para que la misa que impulsaba desde Corrientes llegue hasta Buenos Aires.

Chamamé, fe y memoria

En la Catedral, el sonido del bandoneón y el acordeón se sumó a las guitarras, las voces y los versos. Participaron Tomás Torres en bandoneón, Juan Ignacio López en acordeón y Emmanuel López y Sebastián Rodríguez en guitarras. También se sumaron Luli Fernández, hermana de Cayo, y la cantora colombiana Alexandra Vega, invitada a compartir la celebración.

La presencia de Vega fue, para Fernández, parte del espíritu de encuentro que buscaba la misa. “Porque también esa es la cuestión, compartir y vivir juntos todo eso que sabíamos de alguna manera que iba a pasar. Como buenos anfitriones, como somos los correntinos, la invitamos a que se sume”, contó.

La llegada del chamamé a la Catedral también tuvo, para el músico, un sentido histórico. En su mirada, el género cargó durante mucho tiempo con prejuicios vinculados a su origen rural y a los sectores populares a los que pertenecía. “Toda esa realidad hizo que su música, su danza también fueran excluidas de los espacios artísticos y culturales que pertenecían a las ‘bellas artes’ por entonces”, señaló.

“Y así también nacen las bailantes y espacios populares donde el chamamé era dueño de casa. Ese tiempo era muy valioso porque nuestra gente continuó siendo orgullosamente eso, y no cambió a pesar de todo lo dicho”, resaltó Fernández.

Fernández destacó el papel de Julián Zini en el reconocimiento de esa identidad. “Con el tiempo, Julián Zini nos fue mostrando que eso se llamaba identidad, que era nuestro patrimonio y que tenía un valor particular para el correntino”, dijo. “Nos enseñó a mirar eso, y empezamos a darnos cuenta de nuestro valor cultural y social. Más tarde vino la canción nueva, luego la Fiesta del Chamamé, luego la Cátedra por parte de la UNNE, y así fue ocupando esos lugares el chamamé”, recordó.

Agregó: “Más tarde llegó la postulación ante UNESCO y hoy misa chamamecera en la Catedral Metropolitana. Todo es parte de un proceso más largo, yo solo fui marcando algunos hitos. Hoy ya el chamamé está más presente en la sociedad, aunque todavía quede mucho por hacer, mucho ya se hizo y hay que celebrarlo. Sin olvidar aquella primera resistencia”, remarcó.

Catedral colmada

Fernández contó que el obispo Dornelles expresó su sorpresa por la cantidad de personas que llegaron para participar. “Nuestra gente llegaba desde provincia de Buenos Aires luego de haberse tomado el tren o dos colectivos con tal de estar ahí para vivir, como pueblo, este momento histórico para nuestro chamamé y nuestra religión”, recordó.

Fernández, para finalizar, compartió una reflexión sobre lo que significa la misa chamamecera: “La Misa Chamamecera es el conjunto de todo lo que somos, nuestras raíces espirituales muy propias de guaraní, la religión católica por parte de los jesuitas y franciscanos, nuestros valores de compartir, de estar juntos, de estar con el otro que ya es una fiesta el hecho de encontrarnos”, expresó. “Y nuestro chamamé reúne todo eso y se expresa a través de la música, el canto, la danza, el sapukái y los versos. Y vivirlo dentro de la iglesia, en presencia de Dios, en la casa que Dios hizo para albergarnos y recibirnos. Por eso todos nos sentimos hallados, en casa, entre hermanos, con nuestra madre María de Itatí y de fiesta”.

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