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Bienestar

La Argentina está en el top 3 de países con mayores casos de enfermedad de reflujo astroesofágico

Se trata de una patología que se produce cuando el ácido estomacal o la bilis ascienden por el esófago y se irrita su revestimiento. Muchos pacientes entran en un peregrinaje por distintos médicos hasta tener un diagnóstico certero.

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Acidez, una sensación dolorosa y ardiente en la mitad del pecho que se eleva desde la punta inferior del esternón hacia la garganta. Si una persona siente estos síntomas y no mejoran con los medicamentos de venta libre o cambios en el estilo de vida, tiene que consultar al médico.

“La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) tiene que ver con el retorno del contenido del estómago hacia el esófago. Puede asociarse a causas múltiples como una disminución de la presión de la barrera antireflujo que se encuentra en la unión entre el esófago y el estómago. Por este motivo y por la variedad de síntomas que tiene en común con otras patologías, diagnosticarla se vuelve un desafío”, sostiene el doctor Jorge Olmos, jefe de Neurogastroenterología del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 73145).

Olmos lidera el primer Consenso Latinoamericano, siendo acompañado por la doctora María Marta Piskorz (MN 106.112), integrante de la misma división, y por varios expertos de distintos países latinoamericanos y Estados Unidos. Este Consenso busca guiar a sus pares en la elección de métodos para identificar esta patología.

“El objetivo fue evaluar los méritos individuales de las herramientas de diagnóstico de ERGE basadas en evidencia actual y proporcionar recomendaciones que partieron del debate y votación de quienes participaron. Se hizo una búsqueda sistemática de la literatura que abarcó más de 1000 publicaciones sobre el tema utilizando el sistema de clasificación Grade para valorar la calidad y solidez de la evidencia”, amplía Olmos.

Si no se trata, el reflujo puede conducir a problemas de salud más serios.
Si no se trata, el reflujo puede conducir a problemas de salud más serios.

“En hasta el 70% de los pacientes con síntomas típicos de ERGE, hay una mucosa totalmente normal. De ellos, el 50% tiene enfermedad por reflujo y el otro 50% tiene un trastorno funcional del esófago asociado a hipersensibilidad. Muchos pacientes entran en un ‘peregrinaje’ por médicos y distintos fármacos. Se tratan como reflujo cuando no lo tienen. Eso tiene un problema para el paciente, su entorno y el sistema de salud. Para dar un ejemplo, en EE.UU. se gastaba más en medicación por ERGE que en el tratamiento del cáncer hasta que se tomó una medida para mejorar la investigación del diagnóstico”, afirma el especialista.

La aparición de la enfermedad va de la mano con el desarrollo de obesidad y sobrepeso

Con respecto al origen de la ERGE, un estudio que compara la concordancia para el reflujo en gemelos monocigóticos (MZ) y dicigóticos (DZ) concluye que el reflujo tiene un 31% de origen hereditario. “El resto son factores asociados al estilo de vida, prevenibles. La aparición de la enfermedad va de la mano con el desarrollo de obesidad y sobrepeso porque se debilitan los tejidos de la región gastroesofágica y además la grasa intraabdominal es un órgano metabólicamente activo, sobre todo en los hombres”, agregó Olmos.

Además mencionó que el estrés y los factores emocionales pueden ser asociados al reflujo gastroesofágico, si bien también lo son de una alteración sensorial y para cada caso los abordajes son diferentes. De ahí la relevancia del diagnóstico certero.

Los síntomas pueden incluir tos seca, síntomas de asma o problemas para tragar.
Los síntomas pueden incluir tos seca, síntomas de asma o problemas para tragar.

En el Consenso, se expresa que los síntomas de la ERGE son muy frecuentes en América Latina, con cierta variabilidad regional. Y que, en la Argentina, la prevalencia de síntomas típicos de ERGE es del 23% (entre los más altos del mundo junto con Estados Unidos y el Reino Unido).

Los síntomas más frecuentes

Los síntomas de presentación frecuentemente son acidez o ardor en el pecho, regurgitación, dolor de pecho. Por otro lado, puede haber manifestaciones atípicas como tos, disfonía, carraspeo, ronquera. “La importancia de una adecuada historia clínica es innegable. Una entrevista clínica o un cuestionario por sí solo no puede diagnosticar la ERGE”, sostuvo el 73% de los expertos consultados.

Con los médicos del Hospital de Clínicas de la UBA a la cabeza de la iniciativa, participan también otros especialistas locales, del Hospital San José de Pergamino y Hospital San Martín de La Plata, e internacionales, de Clínica Mayo y Universidad de Northwestern (EE.UU.); Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Instituto de Investigaciones Médico Biológicas de la Universidad Veracruzana y Fundación Clínica Médica Sur (México); Hospital San Ignacio de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia); Instituto Ecuatoriano de Enfermedades Digestivas (Ecuador), Universidad Estatal de Río de Janeiro (Brasil), Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), Hospital Vivian Pellas (Nicaragua), Instituto Gut Médica (Colombia) y Clínica Alemana de Santiago (Chile).

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Bienestar

Ser mamá después de los 40: por qué cada vez más mujeres deciden esperar para tener hijos y qué riesgos hay

“Seguimos teniendo un reloj biológico”, dijo Jimena Barón hace unos días, y reinstaló el debate sobre los tiempos de la maternidad. Los especialistas aseguran que cambiaron las aspiraciones personales, pero la naturaleza de la mujer no está diseñada para el corrimiento etario.

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En los últimos años, la edad promedio de las mujeres que deciden tener hijos aumentó notablemente. La tendencia en general siempre fue mayoritaria entre los 20 y 25 años, pero desde 2018 se comenzó a registrar un corrimiento etario que refleja que cada vez más eligen ser madres entre los 40 y 45 años.

Este dato se desprende del informe “La mujer en el contexto familiar argentino” realizado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, que advierte un “cambio en la perspectiva social en torno a la maternidad”.

“Durante el siglo pasado, comenzó un cambio de una intensidad sin precedentes en la historia de la humanidad que se refleja en nuevos patrones de fecundidad, mortalidad, migración, urbanización y envejecimiento”, indica el relevamiento y muestra un camino hacia la maternidad en edades más avanzadas, distinto a lo que se observaba en décadas anteriores.

Asimismo, un reciente informe de la consultora Voices (2023) señala que en Argentina “un 77% de las encuestadas ve muy favorable que una mujer sea madre después de los 40″.

Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)
Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)

Si el cuerpo de la mujer no es el mismo y las posibilidades de conseguir un embarazo de manera natural son menores, ¿con qué factores está vinculado este corrimiento etario? ¿Qué riesgos hay que tener en cuenta a la hora de aplazar la maternidad y qué implica hacerlo?

Aumentó la cantidad de mujeres que tienen hijos entre los 40 y los 45 años

De acuerdo al relevamiento de la Universidad Austral, que comparó las Estadísticas Vitales del INDEC, la tasa mayoritaria de nacimientos hasta 2018 se producía en mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29 años.

Sin embargo, desde ese momento a esta parte las especialistas observaron que la tendencia empezó a variar: mientras que la primera franja pasó a ser la de 25 a 29 años, el segundo lugar lo ocupa la franja etaria entre 30 y 34 años. Asimismo, mientras que 5 de cada 10 mujeres de entre 18 y 24 años no tienen intenciones de convertirse en madre en un futuro, notaron el aumento en la maternidad de mujeres en el rango 35-39 y 40-44 años.

En ese contexto, Dolores Dimier de Vicente Lorena Bolzon -autoras del informe- explicaron a TN cuáles son los problemas que puede generar la demora de la maternidad: “El tema es que no se modificó la biológica de la fertilidad de la mujer. Históricamente, el mayor proporcional fértil lo tenemos entre los 20 y los 35. A mayor edad, más difícil concretarlo y eso requiere una intervención en fertilización asistida que conlleva un margen de efectividad y riesgos”.

(Fuente: "La mujer en el contexto familiar argentino" en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)
(Fuente: «La mujer en el contexto familiar argentino» en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)

Días atrás, Jimena Barón habló sobre el último tramo fértil de la mujer y abrió un debate en redes sociales sobre la necesidad de pensar y proyectar la posibilidad de tener hijos: “Las que estamos entre los 35 y 40 años y estamos en una relación, estamos dando los últimos años de nuestra gran chance y son irrecuperables. Seguimos teniendo un reloj biológico”.

“Se fue postergando la búsqueda del primer hijo por diversas cuestiones, pero eso no significa que la naturaleza de la mujer siga estando diseñada para haberlo corrido”, coincidió la ginecóloga Victoria Boccio (MN 14447).

Maternidad después de los 40 años: el motivo detrás de la decisión

Según plantearon Bolzon y Dimier de Vicente, decana y miembro del Instituto de Ciencias para la Familia de la UA, hay varios motivos detrás de la decisión de postergar la maternidad.

“Hay cambios en los valores culturales. Si nos retrotraemos a los años previos del informe (que datan de 1994), ser madre implicaba una suerte de ingreso a la sociedad, un signo de pertenencia dentro de lo aspiracional porque un hijo es un proyecto de vida en lo personal. Hoy las diferentes aspiraciones empiezan a competir y eso lleva a demorar la maternidad”, señalaron.

Aunque el desarrollo educativo y profesional suele ser lo más mencionado, una de las causas más frecuentes -según los últimos relevamientos realizados- tiene que ver con la falta de una pareja.

“La ausencia de un otro hace que no den el paso. Si bien hay muchas mujeres que deciden tener hijos solas, son más las que no se animan”, dijeron las analistas y mencionaron las estadísticas del INDEC de 2022 -las últimas disponibles- que arrojaron que un 82% de mujeres con pareja quieren tener hijos contra un 12% que quieren serlo y están solas, lo que termina aplazando el período.

Por otro lado, otra variable mencionada está vinculada con el nivel socioeconómico: el más bajo suele tener uno o más hijos y lo prioriza en edades más cortas, mientras que en aquellas parejas que están más acomodadas disminuye la cifra de descendencia. “No solo está linkeado con el mayor desarrollo laboral y educativo, tiene que ver con las posibilidades de solvencia y con lo que implica su proyecto de vida”, precisaron.

En esa línea, Bolzon subrayó: “Se elige tener una serie de bienes antes de tener un hijo para poder dar respuesta, pero el hijo demanda otras cosas. El problema es que vivimos en una sociedad bastante marcada por las cosas que se poseen y eso proviene de la mirada del adulto. La maternidad reclama estabilidad, pertenencia, renuncia, compromiso, ciertas limitaciones y también muchos beneficios. Ciertas propuestas que hoy genera la cultura o ciertos estilos de vida hacen que ser madre vaya en contraposición de las aspiraciones, lo que puede hacer que se postergue”.

Boccio completó: “Actualmente, la mujer tiene otra vida, su profesión y otras aspiraciones. Quizás la pareja prioriza tener un auto, irse de viaje o comprarse una casa y esperan tener todo eso antes de pensar en un embarazo, pero la edad para tener un hijo es una y el tiempo es oro”.

Qué riesgos hay en aplazar la maternidad

“Si vos te acercas a los 40, el reloj biológico te dice que podés ser madre, pero las chances se van acabando. Los tiempos naturalmente se van terminando”, indicó Dimier de Vicente.

  • Para la madre, los riesgos están asociados a la aparición de enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes o síndrome metabólico. Incluso, la calidad del óvulo empeora con el pasar de los años y el ovario empieza a tener algunas enfermedades propias que hay que corregir previo a pensar en un embarazo. A su vez, se complejiza más la situación en caso de realizarse un tratamiento de fertilización asistida.
  • En cuanto al bebé, hay mayores posibilidades de que tenga enfermedades genéticas si la madre lo tiene entre los 40 y 50 años. Esto no significa que pase en todos los casos ni que no pueda pasar en embarazos de mujeres de menos de 40, solo que aumentan las probabilidades.

Datos sobre la eficiencia en fertilidad asistida

La ginecóloga, miembro de la comisión directiva de la ISUTx (Internacional Society Uterus Transplantation), relató que muchas mujeres de 35 y 40 años llegan a su consultorio sin haber tenido hijos y sin haberse planteado determinas cuestiones: “Es una charla incómoda, pero que hay que darla. ¿Qué planes tenés? ¿Querés bebés? ¿Estás en pareja? ¿Lo debatieron? Si no querés hijos, perfecto. Pero es fundamental charlarlo y no postergar, porque te abre un abanico de posibilidades”.

“Te podés ver joven por fuera y estar divina, pero el proceso biológico por dentro es diferente. No es lo mismo venir con 35 años que con 45, en términos de fertilidad es un abismo. Muchas vienen con una fantasía de que hay muchos tratamientos para hacer, pero hay que definir y elegir sobre la realidad posible”, remarcó.

Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)
Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)

Al respecto, Fernando Neuspiller, tocoginecólogo y director del centro de reproducción asistida WeFIV, detalló que cada vez más mujeres acuden a consultas para tener hijos a través de técnicas de fertilización asistida en su clínica y que la edad media que llevan a cabo el tratamiento actualmente es de 38,9 años.

Aquí surge un problema y es que muchas llegan para criopreservar óvulos teniendo más de 35 años, lo que baja las posibilidades de obtener un proceso exitoso: “A medida de que la edad de la mujer aumenta, ocurren dos fenómenos en el ovario. El primero tiene que ver con que cuanto más años pasan, menos óvulos tiene en el ovario. Por otro lado, incrementa la proporción de óvulos genéticamente anormales”.

“De toda la carga de óvulos que tiene una mujer, el 70% son genéticamente normales. Sobre los 25 años, 8 de cada 10 son normales; sobre los 30 años, 6 de cada 10 lo son. Al llegar a los 40, solo 3 de cada 10 son y a los 45 casi ningún óvulo de los que quedan son genéticamente normales. Porque, por alguna razón que desconocemos, en las primeras edades reproductivas la mujer gasta esos óvulos”, explayó Neuspiller.

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En ese sentido, sostuvo: “Hacer un tratamiento en esta situación puede generar embriones que no se van a implantar, embriones que van a generar una pérdida gestacional (aborto) y, en menor medida, puede nacer un niño con algún síndrome genético”.

De todas formas, aclaró: “Las posibilidades son muy buenas siempre y cuando los tratamientos acompañen el diagnóstico genético. Tenés que tener una buena reserva en el ovario y lograr encontrar óvulos genéticamente normales”.

Por eso, los especialistas recomiendan que las mujeres tomen noción de las opciones que existen desde joven (es decir, si elige tener o no hijos y si quiere en qué momento) para contar con más alternativas a la hora de proyectar una maternidad deseada en una edad más avanzada.

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