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Bienestar

La vitamina que fortalece el sistema inmune y los 10 mejores alimentos para incorporarla al organismo

Muchos adultos la tienen en cantidades inferiores a lo recomendado. Su presencia en la dieta es fundamental en esta época del año cuando abundan los resfríos.

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Con la llegada del frío, empezamos a tomar recaudos en cuanto a nuestra vestimenta para no sufrir las bajas temperaturas y enfermarnos, pero también debemos prestarle atención a la alimentación, ya que, por ejemplo, hay una vitamina que puede ayudar a fortalecer nuestro sistema inmune.

Se trata de la vitamina C, conocida como ácido ascórbico. Es un nutriente hidrosoluble que se encuentra en ciertos alimentos y que en el cuerpo actúa como antioxidante al ayudar a proteger las células contra los daños causados por los radicales libres. Esta vitamina contribuye al proceso de producción de energía del organismo, lo cual puede provocar efectos positivos en el rendimiento físico y mental de las personas, dejando a un lado la fatiga y el cansancio.

El ajo es uno de los recomendados en varias comidas y proporciona 31 mg de vitamina C por cada 100 gr. (Foto: Adobe Stock)
El ajo es uno de los recomendados en varias comidas y proporciona 31 mg de vitamina C por cada 100 gr. (Foto: Adobe Stock)

La vitamina C forma parte de los nutrientes esenciales que debemos asimilar con una dieta saludable ya que ayuda al mantenimiento de las defensas, clave a la hora de luchar contra las infecciones y otras patologías, señaló el doctor español Vicente Mera, responsable de Medicina Interna y Antienvejecimiento en SHA Wellness Clinic.

Beneficios de la vitamina C

Uno de los principales beneficios de la vitamina C es el refuerzo del sistema inmune. En concreto, según dijo Mera, se le reconoció un poder ante infecciones agudas y resfriados comunes. “Entre otras cosas, estimula las funciones de los leucocitos -o defensas- y regula la respuesta inmunitaria a través de sus propiedades antivirales y antioxidantes”, indicó.

De hecho, el experto subraya que, desde finales del siglo XX, existe evidencia científica de que las megadosis de vitamina C (por vía intravenosa) “acortan hasta un 85% la duración de los síntomas del resfriado común” y, además, alivian la intensidad de los mismos, especialmente en personas que practican ejercicio intenso o que viven en entornos superpoblados.

El brócoli es uno de los alimentos recomendados desde la infancia y sumamos 100 mg de vitamina C cada 100 gramos. (Foto: Adobe Stock)
El brócoli es uno de los alimentos recomendados desde la infancia y sumamos 100 mg de vitamina C cada 100 gramos. (Foto: Adobe Stock)

El especialista destacó que este micronutriente es un donador de electrones, lo que contribuye a la prevención del daño oxidativo, es decir, que nos encontramos, ante un gran antioxidante, fundamental para prevenir enfermedades como la diabetes de tipo 2 o la ateroesclerosis (endurecimiento y engrosamiento de arterias de mediano y gran calibre).

Por último, Mera manifestó que el cuerpo necesita de esta vitamina para muchas otras funciones fisiológicas normales, entre ellas, la síntesis y metabolismo de tirosina, ácido fólico o la absorción de hierro en el intestino. En resumen, tiene efectos antifatiga, antienvejecimiento, mejora el descanso, reduce el riesgo de anemia y protege la piel.

Los alimentos con vitamina C

Al hablar de vitamina C es fácil pensar en los cítricos, pero la lista de alimentos ricos en esta sustancia es larga, ya que, en la misma se incluyen naranjas, fresas, cerezas y arándanos, mientras que la guayaba es, probablemente la fruta que contiene mayor cantidad: 250 mg por cada 100 g de peso, según dijo Mera.

También contienen esta vitamina:

  • Perejil. Por cada 100 gramos, el perejil ofrece 161 mg de vitamina C. Así que podemos empezar a sumarlo a nuestros platos y sopas.
  • Brócoli. Con él, sumaremos 100 mg de vitamina C cada 100 gramos, el doble de lo que obtenemos consumiendo naranja. Es momento de buscar recetas para incorporarlo en tartas, empanadas, salsas, ensaladas o salteados.
  • Ají rojo. Si nos gustan los picantes, esta es una buena opción. 100 gramos de pimientos nos aportarán 139 mg de vitamina C.
  • Espinaca. Además de hierro, presenta vitamina C. Si las comemos crudas, nos aportarán 130 mg cada 100 gr. Aunque si las hervimos, la cifra baja a 65 mg.
  • Kiwi. Las frutas también cuentan. 100 gr de kiwi nos proporcionan 93 mg de vitamina C. Ideal para una colación o un postre liviano. Y, además, tendremos otros beneficios, ya que este alimento estimula el tránsito intestinal y es diurético.
  • Repollito de Bruselas. Esta verdura tiene 112 mg de vitamina C por cada 100 gr. Ideas para consumirla: ensaladas, salteados, al vapor o al horno.
  • Berro. Es perfecto para utilizarlo fresco en ensaladas. Es una buena fuente de vitamina C, ya que cada 100 gr aporta 96 mg de este nutriente.
  • Frutillas. Además de contribuir con 59 mg de vitamina C cada 100 gr, esta fruta también es rica en fibra y antioxidantes, al tiempo que puede ayudar, de acuerdo a varios estudios, a luchar contra el cáncer, el envejecimiento, la inflamación y las enfermedades neurológicas.
  • Ajo. El ajo fue utilizado durante siglos para combatir infecciones. Contiene muchos de los nutrientes vegetales más valiosos, así como de los minerales, vitaminas y antioxidantes más beneficiosos para la salud. En particular, proporciona 31 mg de vitamina C por cada 100 gr.
  • Tomate. Aporta 16 mg de vitamina C. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, si se cocinan, pueden perder entre un 10 y un 30% de este nutriente.

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Bienestar

Ser mamá después de los 40: por qué cada vez más mujeres deciden esperar para tener hijos y qué riesgos hay

“Seguimos teniendo un reloj biológico”, dijo Jimena Barón hace unos días, y reinstaló el debate sobre los tiempos de la maternidad. Los especialistas aseguran que cambiaron las aspiraciones personales, pero la naturaleza de la mujer no está diseñada para el corrimiento etario.

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En los últimos años, la edad promedio de las mujeres que deciden tener hijos aumentó notablemente. La tendencia en general siempre fue mayoritaria entre los 20 y 25 años, pero desde 2018 se comenzó a registrar un corrimiento etario que refleja que cada vez más eligen ser madres entre los 40 y 45 años.

Este dato se desprende del informe “La mujer en el contexto familiar argentino” realizado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, que advierte un “cambio en la perspectiva social en torno a la maternidad”.

“Durante el siglo pasado, comenzó un cambio de una intensidad sin precedentes en la historia de la humanidad que se refleja en nuevos patrones de fecundidad, mortalidad, migración, urbanización y envejecimiento”, indica el relevamiento y muestra un camino hacia la maternidad en edades más avanzadas, distinto a lo que se observaba en décadas anteriores.

Asimismo, un reciente informe de la consultora Voices (2023) señala que en Argentina “un 77% de las encuestadas ve muy favorable que una mujer sea madre después de los 40″.

Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)
Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)

Si el cuerpo de la mujer no es el mismo y las posibilidades de conseguir un embarazo de manera natural son menores, ¿con qué factores está vinculado este corrimiento etario? ¿Qué riesgos hay que tener en cuenta a la hora de aplazar la maternidad y qué implica hacerlo?

Aumentó la cantidad de mujeres que tienen hijos entre los 40 y los 45 años

De acuerdo al relevamiento de la Universidad Austral, que comparó las Estadísticas Vitales del INDEC, la tasa mayoritaria de nacimientos hasta 2018 se producía en mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29 años.

Sin embargo, desde ese momento a esta parte las especialistas observaron que la tendencia empezó a variar: mientras que la primera franja pasó a ser la de 25 a 29 años, el segundo lugar lo ocupa la franja etaria entre 30 y 34 años. Asimismo, mientras que 5 de cada 10 mujeres de entre 18 y 24 años no tienen intenciones de convertirse en madre en un futuro, notaron el aumento en la maternidad de mujeres en el rango 35-39 y 40-44 años.

En ese contexto, Dolores Dimier de Vicente Lorena Bolzon -autoras del informe- explicaron a TN cuáles son los problemas que puede generar la demora de la maternidad: “El tema es que no se modificó la biológica de la fertilidad de la mujer. Históricamente, el mayor proporcional fértil lo tenemos entre los 20 y los 35. A mayor edad, más difícil concretarlo y eso requiere una intervención en fertilización asistida que conlleva un margen de efectividad y riesgos”.

(Fuente: "La mujer en el contexto familiar argentino" en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)
(Fuente: «La mujer en el contexto familiar argentino» en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)

Días atrás, Jimena Barón habló sobre el último tramo fértil de la mujer y abrió un debate en redes sociales sobre la necesidad de pensar y proyectar la posibilidad de tener hijos: “Las que estamos entre los 35 y 40 años y estamos en una relación, estamos dando los últimos años de nuestra gran chance y son irrecuperables. Seguimos teniendo un reloj biológico”.

“Se fue postergando la búsqueda del primer hijo por diversas cuestiones, pero eso no significa que la naturaleza de la mujer siga estando diseñada para haberlo corrido”, coincidió la ginecóloga Victoria Boccio (MN 14447).

Maternidad después de los 40 años: el motivo detrás de la decisión

Según plantearon Bolzon y Dimier de Vicente, decana y miembro del Instituto de Ciencias para la Familia de la UA, hay varios motivos detrás de la decisión de postergar la maternidad.

“Hay cambios en los valores culturales. Si nos retrotraemos a los años previos del informe (que datan de 1994), ser madre implicaba una suerte de ingreso a la sociedad, un signo de pertenencia dentro de lo aspiracional porque un hijo es un proyecto de vida en lo personal. Hoy las diferentes aspiraciones empiezan a competir y eso lleva a demorar la maternidad”, señalaron.

Aunque el desarrollo educativo y profesional suele ser lo más mencionado, una de las causas más frecuentes -según los últimos relevamientos realizados- tiene que ver con la falta de una pareja.

“La ausencia de un otro hace que no den el paso. Si bien hay muchas mujeres que deciden tener hijos solas, son más las que no se animan”, dijeron las analistas y mencionaron las estadísticas del INDEC de 2022 -las últimas disponibles- que arrojaron que un 82% de mujeres con pareja quieren tener hijos contra un 12% que quieren serlo y están solas, lo que termina aplazando el período.

Por otro lado, otra variable mencionada está vinculada con el nivel socioeconómico: el más bajo suele tener uno o más hijos y lo prioriza en edades más cortas, mientras que en aquellas parejas que están más acomodadas disminuye la cifra de descendencia. “No solo está linkeado con el mayor desarrollo laboral y educativo, tiene que ver con las posibilidades de solvencia y con lo que implica su proyecto de vida”, precisaron.

En esa línea, Bolzon subrayó: “Se elige tener una serie de bienes antes de tener un hijo para poder dar respuesta, pero el hijo demanda otras cosas. El problema es que vivimos en una sociedad bastante marcada por las cosas que se poseen y eso proviene de la mirada del adulto. La maternidad reclama estabilidad, pertenencia, renuncia, compromiso, ciertas limitaciones y también muchos beneficios. Ciertas propuestas que hoy genera la cultura o ciertos estilos de vida hacen que ser madre vaya en contraposición de las aspiraciones, lo que puede hacer que se postergue”.

Boccio completó: “Actualmente, la mujer tiene otra vida, su profesión y otras aspiraciones. Quizás la pareja prioriza tener un auto, irse de viaje o comprarse una casa y esperan tener todo eso antes de pensar en un embarazo, pero la edad para tener un hijo es una y el tiempo es oro”.

Qué riesgos hay en aplazar la maternidad

“Si vos te acercas a los 40, el reloj biológico te dice que podés ser madre, pero las chances se van acabando. Los tiempos naturalmente se van terminando”, indicó Dimier de Vicente.

  • Para la madre, los riesgos están asociados a la aparición de enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes o síndrome metabólico. Incluso, la calidad del óvulo empeora con el pasar de los años y el ovario empieza a tener algunas enfermedades propias que hay que corregir previo a pensar en un embarazo. A su vez, se complejiza más la situación en caso de realizarse un tratamiento de fertilización asistida.
  • En cuanto al bebé, hay mayores posibilidades de que tenga enfermedades genéticas si la madre lo tiene entre los 40 y 50 años. Esto no significa que pase en todos los casos ni que no pueda pasar en embarazos de mujeres de menos de 40, solo que aumentan las probabilidades.

Datos sobre la eficiencia en fertilidad asistida

La ginecóloga, miembro de la comisión directiva de la ISUTx (Internacional Society Uterus Transplantation), relató que muchas mujeres de 35 y 40 años llegan a su consultorio sin haber tenido hijos y sin haberse planteado determinas cuestiones: “Es una charla incómoda, pero que hay que darla. ¿Qué planes tenés? ¿Querés bebés? ¿Estás en pareja? ¿Lo debatieron? Si no querés hijos, perfecto. Pero es fundamental charlarlo y no postergar, porque te abre un abanico de posibilidades”.

“Te podés ver joven por fuera y estar divina, pero el proceso biológico por dentro es diferente. No es lo mismo venir con 35 años que con 45, en términos de fertilidad es un abismo. Muchas vienen con una fantasía de que hay muchos tratamientos para hacer, pero hay que definir y elegir sobre la realidad posible”, remarcó.

Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)
Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)

Al respecto, Fernando Neuspiller, tocoginecólogo y director del centro de reproducción asistida WeFIV, detalló que cada vez más mujeres acuden a consultas para tener hijos a través de técnicas de fertilización asistida en su clínica y que la edad media que llevan a cabo el tratamiento actualmente es de 38,9 años.

Aquí surge un problema y es que muchas llegan para criopreservar óvulos teniendo más de 35 años, lo que baja las posibilidades de obtener un proceso exitoso: “A medida de que la edad de la mujer aumenta, ocurren dos fenómenos en el ovario. El primero tiene que ver con que cuanto más años pasan, menos óvulos tiene en el ovario. Por otro lado, incrementa la proporción de óvulos genéticamente anormales”.

“De toda la carga de óvulos que tiene una mujer, el 70% son genéticamente normales. Sobre los 25 años, 8 de cada 10 son normales; sobre los 30 años, 6 de cada 10 lo son. Al llegar a los 40, solo 3 de cada 10 son y a los 45 casi ningún óvulo de los que quedan son genéticamente normales. Porque, por alguna razón que desconocemos, en las primeras edades reproductivas la mujer gasta esos óvulos”, explayó Neuspiller.

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En ese sentido, sostuvo: “Hacer un tratamiento en esta situación puede generar embriones que no se van a implantar, embriones que van a generar una pérdida gestacional (aborto) y, en menor medida, puede nacer un niño con algún síndrome genético”.

De todas formas, aclaró: “Las posibilidades son muy buenas siempre y cuando los tratamientos acompañen el diagnóstico genético. Tenés que tener una buena reserva en el ovario y lograr encontrar óvulos genéticamente normales”.

Por eso, los especialistas recomiendan que las mujeres tomen noción de las opciones que existen desde joven (es decir, si elige tener o no hijos y si quiere en qué momento) para contar con más alternativas a la hora de proyectar una maternidad deseada en una edad más avanzada.

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