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Bienestar

Sisifemia, el nuevo trastorno laboral vinculado a la mitología griega que puede llevar al colapso psicológico

Se trata de una condición que padecen muchos trabajadores en su entorno laboral. Las señales para advertirla a tiempo.

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Muchas veces intentamos llegar a hacer todas las tareas que tenemos en nuestro trabajo, además de buscar la perfección y cumplir las expectativas que los demás pusieron en nosotros, pero esta situación puede ser muy nociva, ya que se trata de un espiral sin fin en el que pierde el que se exige más de lo que puede dar.

La sisifemia es uno de los problemas más habituales en el entorno laboral: personas atrapadas en trabajos que solo les proporcionan desmotivación, en los que se exigen cada vez más sin obtener una recompensa de ningún tipo a cambio y que puede generar problemas de salud importantes.

Muchas veces buscamos la perfección en todo lo que hacemos y eso no es bueno. (Foto: Adobe Stock)
Muchas veces buscamos la perfección en todo lo que hacemos y eso no es bueno. (Foto: Adobe Stock)

Procedente de la mitología griega (Sísifo, condenado a una vida monótona) este término habla de la obsesión por el resultado final y la aprobación ajena, carente de autoestima y de la falta de sentido y significado a nuestras tareas laborales habituales. La sisifemia tiene mucho que ver con la falta de autoestima y la necesidad constante de validación externa. Este concepto provoca frustración y, según indicó la psicóloga española Fátima Castaño, el principal problema es el exceso de autoexigencia y la incapacidad de poner límites.

Los peligros de la tendencia a la sobreexigencia

A pesar de que la doctora considera que la palabra sisifemia no se utiliza como terminología diagnóstica técnica, el concepto se fundamenta “en la tendencia de la sociedad actual a la sobreexigencia, a esa falta de capacidad para decir ‘no’ que resulta tan nociva para la salud mental”.

“Me encuentro a menudo con que los pacientes establecen objetivos demasiado elevados. Si nos anotamos a hacer deporte hay que darlo todo y llegar a metas inalcanzables, si iniciamos un trabajo nuevo, queremos ascender rápido y que nuestro sueldo suba y suba, si somos madres, tenemos que ser supermujeres que lleguen a absolutamente todo”, dijo.

La especialista indicó que nos generamos demasiadas expectativas a nivel social, alimentadas en gran parte por las redes sociales en las que sólo se comparte lo bueno y damos por hecho que así debe ser. “Nos autoimponemos llegar a los estándares de calidad que vienen predeterminados socialmente, sin poner ningún tipo de filtro. Hay que llegar y no nos planteamos no poder llegar”, expresó.

Sobreexigirnos en el trabajo es perjudicial para nuestra salud. (Foto: Adobe Stock)
Sobreexigirnos en el trabajo es perjudicial para nuestra salud. (Foto: Adobe Stock)

Esta tendencia social generalizada a decir que ‘sí’ a todo, a buscar la perfección constante en el entorno laboral, a cumplir con lo que los demás esperan de nosotros, nos puede llevar al colapso psicológico, al estrés desmedido y a una frustración peligrosa por no poder cumplir con los requerimientos en los que nos embarcamos, añadió. “Tenemos que trabajar duro para volver a lo que deben ser nuestros estándares alcanzables, qué podemos hacer y qué no, cuáles son nuestras funciones reales y objetivas en función del rol para el que hemos sido contratados, nuestro sueldo y redefinir nuestro puesto recuperando el sentido común”, dijo.

Dónde están los límites

No saber decir que no y asumir todas las tareas sin ningún control de posibilidades es un grave error que sólo puede ocasionarnos problemas importantes de salud, tanto mental como física. Castaño indicó que, si lo que buscamos es una mejora o un ascenso en nuestro puesto de trabajo, que es lícito, es fundamental que orientemos nuestros objetivos y nuestros quehaceres en la dirección correcta, teniendo muy presentes siempre los límites necesarios para no morir en el intento.

La psicóloga considera que el límite va a estar en nuestra propia capacidad y en nuestra salud. “Me encuentro demasiado a menudo a personas que no saben identificar las señales que a veces el organismo nos da, esas en las que alerta de la necesidad de un descanso”, dijo y agregó: “Muchas veces la autoexigencia con nosotros mismos viene propiciada porque necesitamos encontrar la aceptación del otro. Necesitamos ese reconocimiento que nos hace buscar siempre más y más y entramos en un bucle interminable, un pozo sin fondo”.

Lo más importante es empezar a trabajar la autoestima personal, conseguir no estar tan condicionados al refuerzo externo. Para poner límites, lo primero y más importante es aprender a parar y escucharnos. Desde el silencio interior, será más fácil reconocer esas llamadas de atención del cuerpo, para poder prevenir.

Señales que alertan del problema

Algunas señales que pueden alertarnos de que la sisifemia se adueñó de nosotros tienen que ver con las dificultades para concentrarnos, así como detectar fallos ‘tontos’ en el trabajo, malestar en las relaciones motivadas por las comparaciones, ‘porque no llego a los objetivos’ y, por supuesto, la sensación de estrés asfixiante, la angustia diaria.

Un malestar general prolongado en el tiempo es una señal inequívoca de que algo no va como debería, de que no somos felices con lo que hacemos y que la angustia se está adueñando de nuestras tareas. Una vez que lo hemos identificado, el siguiente paso será poner medidas empezando por ajustar los ritmos y tiempos del trabajo. Hay que tomarse en serio trabajar la autoestima para descubrir qué es lo que nos hace felices en el entorno laboral.

Una vez visualizamos los objetivos laborales reales, debemos empezar a quitarnos todo aquello que sea accesorio o complementario, que no sea absolutamente necesario. La solución pasa por enfocarnos en cuestiones que sean saludables, que nos hagan sentir bien por nosotros mismos, dijo la experta.

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Bienestar

Ser mamá después de los 40: por qué cada vez más mujeres deciden esperar para tener hijos y qué riesgos hay

“Seguimos teniendo un reloj biológico”, dijo Jimena Barón hace unos días, y reinstaló el debate sobre los tiempos de la maternidad. Los especialistas aseguran que cambiaron las aspiraciones personales, pero la naturaleza de la mujer no está diseñada para el corrimiento etario.

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En los últimos años, la edad promedio de las mujeres que deciden tener hijos aumentó notablemente. La tendencia en general siempre fue mayoritaria entre los 20 y 25 años, pero desde 2018 se comenzó a registrar un corrimiento etario que refleja que cada vez más eligen ser madres entre los 40 y 45 años.

Este dato se desprende del informe “La mujer en el contexto familiar argentino” realizado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, que advierte un “cambio en la perspectiva social en torno a la maternidad”.

“Durante el siglo pasado, comenzó un cambio de una intensidad sin precedentes en la historia de la humanidad que se refleja en nuevos patrones de fecundidad, mortalidad, migración, urbanización y envejecimiento”, indica el relevamiento y muestra un camino hacia la maternidad en edades más avanzadas, distinto a lo que se observaba en décadas anteriores.

Asimismo, un reciente informe de la consultora Voices (2023) señala que en Argentina “un 77% de las encuestadas ve muy favorable que una mujer sea madre después de los 40″.

Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)
Aumentó la cantidad de mujeres que deciden ser madres después de los 40 años. (Foto: Pixabay)

Si el cuerpo de la mujer no es el mismo y las posibilidades de conseguir un embarazo de manera natural son menores, ¿con qué factores está vinculado este corrimiento etario? ¿Qué riesgos hay que tener en cuenta a la hora de aplazar la maternidad y qué implica hacerlo?

Aumentó la cantidad de mujeres que tienen hijos entre los 40 y los 45 años

De acuerdo al relevamiento de la Universidad Austral, que comparó las Estadísticas Vitales del INDEC, la tasa mayoritaria de nacimientos hasta 2018 se producía en mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29 años.

Sin embargo, desde ese momento a esta parte las especialistas observaron que la tendencia empezó a variar: mientras que la primera franja pasó a ser la de 25 a 29 años, el segundo lugar lo ocupa la franja etaria entre 30 y 34 años. Asimismo, mientras que 5 de cada 10 mujeres de entre 18 y 24 años no tienen intenciones de convertirse en madre en un futuro, notaron el aumento en la maternidad de mujeres en el rango 35-39 y 40-44 años.

En ese contexto, Dolores Dimier de Vicente Lorena Bolzon -autoras del informe- explicaron a TN cuáles son los problemas que puede generar la demora de la maternidad: “El tema es que no se modificó la biológica de la fertilidad de la mujer. Históricamente, el mayor proporcional fértil lo tenemos entre los 20 y los 35. A mayor edad, más difícil concretarlo y eso requiere una intervención en fertilización asistida que conlleva un margen de efectividad y riesgos”.

(Fuente: "La mujer en el contexto familiar argentino" en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)
(Fuente: «La mujer en el contexto familiar argentino» en base a los datos del Ministerio de Salud, Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, Estadísticas Vitales 1994-2022)

Días atrás, Jimena Barón habló sobre el último tramo fértil de la mujer y abrió un debate en redes sociales sobre la necesidad de pensar y proyectar la posibilidad de tener hijos: “Las que estamos entre los 35 y 40 años y estamos en una relación, estamos dando los últimos años de nuestra gran chance y son irrecuperables. Seguimos teniendo un reloj biológico”.

“Se fue postergando la búsqueda del primer hijo por diversas cuestiones, pero eso no significa que la naturaleza de la mujer siga estando diseñada para haberlo corrido”, coincidió la ginecóloga Victoria Boccio (MN 14447).

Maternidad después de los 40 años: el motivo detrás de la decisión

Según plantearon Bolzon y Dimier de Vicente, decana y miembro del Instituto de Ciencias para la Familia de la UA, hay varios motivos detrás de la decisión de postergar la maternidad.

“Hay cambios en los valores culturales. Si nos retrotraemos a los años previos del informe (que datan de 1994), ser madre implicaba una suerte de ingreso a la sociedad, un signo de pertenencia dentro de lo aspiracional porque un hijo es un proyecto de vida en lo personal. Hoy las diferentes aspiraciones empiezan a competir y eso lleva a demorar la maternidad”, señalaron.

Aunque el desarrollo educativo y profesional suele ser lo más mencionado, una de las causas más frecuentes -según los últimos relevamientos realizados- tiene que ver con la falta de una pareja.

“La ausencia de un otro hace que no den el paso. Si bien hay muchas mujeres que deciden tener hijos solas, son más las que no se animan”, dijeron las analistas y mencionaron las estadísticas del INDEC de 2022 -las últimas disponibles- que arrojaron que un 82% de mujeres con pareja quieren tener hijos contra un 12% que quieren serlo y están solas, lo que termina aplazando el período.

Por otro lado, otra variable mencionada está vinculada con el nivel socioeconómico: el más bajo suele tener uno o más hijos y lo prioriza en edades más cortas, mientras que en aquellas parejas que están más acomodadas disminuye la cifra de descendencia. “No solo está linkeado con el mayor desarrollo laboral y educativo, tiene que ver con las posibilidades de solvencia y con lo que implica su proyecto de vida”, precisaron.

En esa línea, Bolzon subrayó: “Se elige tener una serie de bienes antes de tener un hijo para poder dar respuesta, pero el hijo demanda otras cosas. El problema es que vivimos en una sociedad bastante marcada por las cosas que se poseen y eso proviene de la mirada del adulto. La maternidad reclama estabilidad, pertenencia, renuncia, compromiso, ciertas limitaciones y también muchos beneficios. Ciertas propuestas que hoy genera la cultura o ciertos estilos de vida hacen que ser madre vaya en contraposición de las aspiraciones, lo que puede hacer que se postergue”.

Boccio completó: “Actualmente, la mujer tiene otra vida, su profesión y otras aspiraciones. Quizás la pareja prioriza tener un auto, irse de viaje o comprarse una casa y esperan tener todo eso antes de pensar en un embarazo, pero la edad para tener un hijo es una y el tiempo es oro”.

Qué riesgos hay en aplazar la maternidad

“Si vos te acercas a los 40, el reloj biológico te dice que podés ser madre, pero las chances se van acabando. Los tiempos naturalmente se van terminando”, indicó Dimier de Vicente.

  • Para la madre, los riesgos están asociados a la aparición de enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes o síndrome metabólico. Incluso, la calidad del óvulo empeora con el pasar de los años y el ovario empieza a tener algunas enfermedades propias que hay que corregir previo a pensar en un embarazo. A su vez, se complejiza más la situación en caso de realizarse un tratamiento de fertilización asistida.
  • En cuanto al bebé, hay mayores posibilidades de que tenga enfermedades genéticas si la madre lo tiene entre los 40 y 50 años. Esto no significa que pase en todos los casos ni que no pueda pasar en embarazos de mujeres de menos de 40, solo que aumentan las probabilidades.

Datos sobre la eficiencia en fertilidad asistida

La ginecóloga, miembro de la comisión directiva de la ISUTx (Internacional Society Uterus Transplantation), relató que muchas mujeres de 35 y 40 años llegan a su consultorio sin haber tenido hijos y sin haberse planteado determinas cuestiones: “Es una charla incómoda, pero que hay que darla. ¿Qué planes tenés? ¿Querés bebés? ¿Estás en pareja? ¿Lo debatieron? Si no querés hijos, perfecto. Pero es fundamental charlarlo y no postergar, porque te abre un abanico de posibilidades”.

“Te podés ver joven por fuera y estar divina, pero el proceso biológico por dentro es diferente. No es lo mismo venir con 35 años que con 45, en términos de fertilidad es un abismo. Muchas vienen con una fantasía de que hay muchos tratamientos para hacer, pero hay que definir y elegir sobre la realidad posible”, remarcó.

Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)
Tras retirar el líquido de los folículos ováricos, se separan los óvulos y se procede a vitrificarlos. (Fotos: Gentileza Laboratorio de WeFIV)

Al respecto, Fernando Neuspiller, tocoginecólogo y director del centro de reproducción asistida WeFIV, detalló que cada vez más mujeres acuden a consultas para tener hijos a través de técnicas de fertilización asistida en su clínica y que la edad media que llevan a cabo el tratamiento actualmente es de 38,9 años.

Aquí surge un problema y es que muchas llegan para criopreservar óvulos teniendo más de 35 años, lo que baja las posibilidades de obtener un proceso exitoso: “A medida de que la edad de la mujer aumenta, ocurren dos fenómenos en el ovario. El primero tiene que ver con que cuanto más años pasan, menos óvulos tiene en el ovario. Por otro lado, incrementa la proporción de óvulos genéticamente anormales”.

“De toda la carga de óvulos que tiene una mujer, el 70% son genéticamente normales. Sobre los 25 años, 8 de cada 10 son normales; sobre los 30 años, 6 de cada 10 lo son. Al llegar a los 40, solo 3 de cada 10 son y a los 45 casi ningún óvulo de los que quedan son genéticamente normales. Porque, por alguna razón que desconocemos, en las primeras edades reproductivas la mujer gasta esos óvulos”, explayó Neuspiller.

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En ese sentido, sostuvo: “Hacer un tratamiento en esta situación puede generar embriones que no se van a implantar, embriones que van a generar una pérdida gestacional (aborto) y, en menor medida, puede nacer un niño con algún síndrome genético”.

De todas formas, aclaró: “Las posibilidades son muy buenas siempre y cuando los tratamientos acompañen el diagnóstico genético. Tenés que tener una buena reserva en el ovario y lograr encontrar óvulos genéticamente normales”.

Por eso, los especialistas recomiendan que las mujeres tomen noción de las opciones que existen desde joven (es decir, si elige tener o no hijos y si quiere en qué momento) para contar con más alternativas a la hora de proyectar una maternidad deseada en una edad más avanzada.

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