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El gobernador de Chubut anticipó que los senadores patagónicos rechazarán la restitución de Ganancias

Ignacio Torres afirmó que cuando se trate la Ley Bases en el Senado habrá 18 votos negativos porque no se contempla el ítem de “zona desfavorable” en el mínimo no imponible.

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El gobernador de Chubut, Ignacio “Nacho” Torres, afirmó este sábado que el bloque patagónico rechazará la restitución del Impuesto a las Ganancias cuando el proyecto de Ley Bases sea tratado en el Senado.

“Todos van a votar en contra de Ganancias porque no se contempla el ítem zona desfavorable en el mínimo no imponible. El costo de vida en la Patagonia es mucho más alto”, relató el gobernador en el programa de Lorena Maciel en Radio con Vos. Después, agregó que habrá 18 votos negativos a la hora de tratar este capítulo, aunque acompañarán gran parte de la Ley Bases.

Para poner una especie de paños fríos en la previa al debate por la Ley Bases en el Senado, el Gobierno busca mostrar cualquier guiño con los gobernadores, en especial con aquellos que pueden inclinar la votación. Por este motivo, este viernes el secretario de Energía, Eduardo Rodríguez Chirillo, firmó un convenio con Torres, y su par de la provincia de Neuquén, Rolando Figueroa.

El secretario de Energía, Eduardo Chirillo, firmó un convenio con los gobernadores de Neuquén, Río Negro y Chubut. (Foto: Prensa Energía)
El secretario de Energía, Eduardo Chirillo, firmó un convenio con los gobernadores de Neuquén, Río Negro y Chubut. (Foto: Prensa Energía)

Se trata de un compromiso para la finalización y puesta en servicio del denominado Gasoducto Patagónico Cordillerano, que incluye la incorporación de tres plantas de compresión en las localidades de Gobernador Costa y Río Senguer. El dato: la obra será financiada y las plantas serán instaladas con fondos propios de cada una de las provincias involucradas.

Al respecto, la senadora de Juntos Somos Río Negro, Mónica Silva, afirmó a TN que “el gobierno provincial siempre está dispuesto al diálogo”, aunque aclaró que “nos oponemos a reponer el impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría”.

Pese a lo simbólico de la firma y el poroteo constante en el Gobierno -y en la oposición- desde el círculo próximo a los gobernadores hicieron hincapié en que “en ningún momento se habló de la votación en el Senado”. Como ya contó este medio, la neuquina Lucila Crexell es otra de las que no definió su voto y su decisión es y será conversada con Figueroa.

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Ignacio Torres en la entrevista en Radio con Vos. (Gentileza Lorena Maciel, Radio con Vos)

A estos dos votos hay que sumar las gestiones que ya se iniciaron para convencer al santacruceño Claudio Vidal, que también es parte de la llamada Liga de Gobernadores Patagónicos. La intención del ministro del Interior, Guillermo Francos, es reunirse con Vidal en los próximos días. “Ya vino tres veces a la Rosada”, señalaron desde el ministerio a este medio.

Esos cuatro votos patagónicos pueden ser decisivos en la cuenta final, ya que es el mismo número que le hace falta a Unión por la Patria para rechazar la Ley Bases y el pacto fiscal. Serán días -y semanas- de intensas negociaciones y gestos con la oposición.

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Politica

¿Un plan o un sueño?: Macri, Cristina y demás problemas de la oposición para dejar de ser comparsa

El Ejecutivo intenta capitalizar las diferencias en Unión por la Patria, la UCR y el PRO y rivalizar únicamente con el peronismo de cara a las legislativas del año que viene. Los movimientos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

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Entre los principales recursos con los que cuenta Javier Milei, tanto en el terreno electoral como, más todavía, en la disputa por definir el rumbo que tome el país, se suele destacar el flaco papel que han venido haciendo, y tal vez sigan haciendo, los demás partidos.

¿Ello obedece a que estos no tienen ni tendrán nada nuevo para ofrecer al país, son solo rémoras de un pasado que acumuló demasiados fracasos, o a que sus viejos líderes, demasiado desgastados por esa acumulación de fracasos, deben hacerse cuanto antes a un lado para permitir su renovación?

El oficialismo se inclina por lo primero. Y el horizonte político que desea para el país así lo evidencia. Lo dejó bien en claro en una reciente entrevista Patricia Bullrich, exladera de Mauricio Macri y de momento puntal de la construcción política de Milei, tal vez solo superada en ese rol por su hermana Karina y por el ministro Francos. Bullrich lanzó allí un pronóstico sobre las próximas elecciones legislativas, que pretende ser más que eso, quiere ser un plan: “En 2025 va a haber dos propuestas, la del cambio y la retrógrada”, dijo. En pocas palabras, Bullrich y el Gobierno esperan que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio.

Este plan oficial, en concreto, les permitiría lograr dos objetivos. Primero, que el peronismo siga bajo la hegemonía del kirchnerismo, en lo posible de la propia Cristina, y no surja entonces de allí nada más innovador para atraer a los electores. Segundo, que todas las fuerzas políticas moderadas o de centro, desde el radicalismo y el peronismo disidente hasta el mismo PRO, sean absorbidas por LLA o se vuelvan irrelevantes, porque sus votos migren masivamente, como ya sucedió en la segunda vuelta del año pasado, hacia los candidatos que ofrezca el mileismo.

 El Gobierno espera que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)
El Gobierno espera que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)

Ahora bien, ¿es este un plan o solo un sueño? ¿Va a encontrar el partido oficial el impulso suficiente de la economía para moldear la competencia hacia esta escena soñada? Habrá que ver. De momento lo está intentando, y lo cierto es que recibe bastante ayuda, no tanto de la economía, al menos de momento, como de los demás actores políticos.

En las últimas semanas, han llamado la atención de los observadores los intentos bastante desesperados tanto de Cristina como de Macri por volver a la escena, recuperar protagonismo ante el Gobierno, y también frente a actores con ellos en competencia por destacar en sus respectivos espacios.

Cristina lo viene haciendo con una regular intervención semanal, en actos masivos que se parecen bastante a los que hacía mientras fue vicepresidenta, y se vio ya para lo que le pueden servir: de bastante poco o nada.

Macri, por su parte, está buscando hace meses la quinta pata al gato para darle impacto a su recontra anunciado regreso a la presidencia del PRO, sin mayor éxito. Tal vez por haberse resignado paulatinamente a no contar en esta operación con la compañía de otras figuras importantes de su partido, como la propia Bullrich, o Larreta, tampoco los gobernadores Rogelio Frigerio o Nacho Torres, o siquiera de su primo Jorge.

Mauricio Macri. (Foto: NA / Mariano Sánchez)
Mauricio Macri. (Foto: NA / Mariano Sánchez)

En ambos casos se trata de líderes que creen seguir siendo imprescindibles para mantener unidas y en pie a sus respectivas fuerzas. Pero que por eso mismo obstruyen la posibilidad de que estas se renueven, suelten el lastre acumulado por los errores y los fracasos acumulados en los últimos años, y ofrezcan liderazgos y propuestas tal vez un poco más competitivos frente a Milei y su gente.

En el caso de Cristina, es evidente, sus intervenciones no solo están dirigidas a aprovechar lo que cree es un momento crítico para la consolidación del proyecto del Presidente, y la oportunidad que piensa se le abrió al respecto con la marcha universitaria, sino a combatir la amenaza de una rebelión interna contra sus seguidores más fieles, los de La Cámpora. Y entre esas amenazas internas destaca la de Axel Kicillof. Quien, para irritación de la señora, se viene sacando fotos con todo el mundo, desde la cúpula de la CGT hasta los gobernadores de JxC Torres y Pullaro, algo que, claro, Cristina no puede hacer ni emular: hace años que solo se saca fotos con ella misma. Y por más que lo de Kicillof no vaya mucho más allá de la foto, supone una amenaza suficiente para ella: debe sentirse más sola que nunca, y saber que ya nada le garantiza que, en ese giro al centro del gobernador bonaerense, no se esconda, en lo que le toca, un nuevo abandono a su suerte en los tribunales, y para su gente, la marginación en las próximas listas de candidatos.

Cristina Kirchner. (Foto: AFP)
Cristina Kirchner. (Foto: AFP)

En cuanto a Macri, lo ha intentado todo para evitar su sucesión, y sigue tratando que algo le funcione. Decidido a pasar por alto un hecho cada vez más palmario: entre los dirigentes no kirchneristas es solo superado por Larreta Lousteau en su índice de rechazo en las encuestas. Retomar la presidencia partidaria no va a resolver ese problema, puede agravarlo, y perjudicar aún más a su partido. Tal vez la única forma de evitarlo sería, una vez que esté al frente, organizar las cosas para hacer bien lo que hizo mal en 2019 con Bullrich: prepararle el terreno a un sucesor, que debería ser ahora necesariamente uno de los gobernadores, y dar un definitivo paso al costado.

Pero la política argentina es muy curiosa, todos la sufren, pero nadie quiere abandonarla. Seguramente porque esperan que los ciclos de inestabilidad, las crisis recurrentes y los frecuentes ataques de amnesia que la caracterizan jueguen a su favor, y les ofrezcan una nueva oportunidad. Detrás de ese sueño han ido infinidad de “ex”, insistiendo hasta el final en ser todavía promesas. La enorme mayoría, sin éxito, para desgracia de sus seguidores y ventaja de sus adversarios. Milei debe estar muy agradecido.

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