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Andrés “Cuervo” Larroque habló de Máximo Kirchner y advirtió que “los liderazgos los define la realidad, no se autoproclaman ni se autoperciben”

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Mientras aún resuenan los ecos del “triunfo” del oficialismo con la media sanción de la Ley Bases, y mientras analiza la estrategia que seguirá en el Senado, el peronismo mantiene abierta su interna que, lejos de apaciguarse, parece profundizarse día a día. Y pese al pedido de la propia Cristina Kirchner de no hablar mal públicamente de un compañero, Andrés “Cuervo” Larroque dejó en claro hoy que la relación con Máximo Kirchner está lejos de ser la mejor.

Durante una entrevista con el canal de streaming Blender, el ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires admitió que hace casi dos meses que no habla con el hijo de la exmandataria, pero además advirtió que los “liderazgos los define la realidad”, en lo que fue un claro mensaje hacia el diputado.

“Los liderazgos los define la realidad, no se autoproclaman ni se autoperciben. Eso lo va definiendo la realidad. Creo que estamos en un momento político muy delicado, y todos tienen que aportar encontrando un rol”, afirmó Larroque al ser consultado sobre el rol de Máximo Kirchner en el peronismo, siendo que hoy es el presidente del Partido Justicialista de la provincia.

Quien fuera uno de los fundadores de La Cámpora comparó la situación con un equipo de fútbol: “Si mandás al 4 a jugar de 9 y al 9 de arquero, es un quilombo”, sostuvo, y agregó que “todos tenemos que encontrar un rol y aportar y todos somos copartícipes de los éxitos y de los fracasos”.

“La que él decida. Habría que preguntarle a él tal vez. En el caso nuestro, siempre abogamos y peleamos para que Máximo tenga un rol central, después se dieron diversas discusiones. Yo hace dos meses que no hablo, y ya veníamos de un tiempo largo sin hablar, en todo caso es algo que debe responder él. Creo que de parte de la militancia siempre estuvo toda la voluntad para que él tenga un rol importante”, añadió Larroque sobre Máximo Kirchner.

Andrés Larroque junto a Axel Kicillof durante el acto del sábado en Quilmes.Andrés Larroque junto a Axel Kicillof durante el acto del sábado en Quilmes.

El sábado, en su reaparición pública durante un acto en el partido bonaerense de Quillmes, Cristina Kirchner había bajado un claro mensaje en un intento de calmar las aguas en el peronismo, principalmente en la provincia de Buenos Aires.

La expresidenta reclamó “no salir más a la bartola o ir a un canal de televisión a putear a otro compañero. Cuando vayan a los canales de televisión o a la radio vayan a hablar de estas cosas que son las que le interesan a la gente”.

“Hay que comenzar a trabajar y a discutir para cambiar la vida de la gente. Para mejorar necesitamos formar sentido común e información. Esencialmente hablando. Y para finalizar. Y buenas noches. Hace frío ya. Discúlpame”, planteó sobre el escenario organizado por la intendenta Mayra Mendoza. Luego ante la militancia dijo que hay que reclamarle a la dirigencia organización, ideas, convicción y coraje; “porque las cosas sin coraje no se pueden hacer”.

Larroque es uno de los dirigentes que puso sobre la mesa la discusión interna. En el acto del sábado en Quilmes fue ubicado en primera fila. Bastante más lejos, Máximo Kirchner, que estuvo flanqueado por un grupo de intendentes. Antes de que iniciara el acto, los jefes comunales, compusieron una foto con CFK. En la imagen no estaba Kicillof. La explicación fue que en ese momento el mandatario bonaerense aún no había llegado. Secco, Ferraresi y el intendente de La Plata, Julio Alak, no participaron del acto en Quilmes.

Consultado sobre cómo evalúa la situación del peronismo, más allá de las internas, Larroque pidió también volver a tener “sentido común”: “Creo que tenemos que volver a ser normales, esto de que los militantes es una especie de Robocop o una persona que vive a contraturno de la realidad es un problema. Por eso entra tanto lo de casta, porque evidentemente hay un sector que está en una, que está viviendo en una paralela y después no tiene capacidad de interpretar a los que tiene que representar”, aseveró.

La semana pasada, Axel Kicillof finalmente firmó la designación del coordinador de Somos Barrio de Pie, Daniel Menéndez, como nuevo subsecretario de Economía Popular de la provincia de Buenos Aires. Se trata de una subsecretaría que depende del ministerio de Desarrollo de la Comunidad, que comanda Andrés “Cuervo” Larroque, quien más allá de la discusión interna que planteó dentro del peronismo viene articulando desde fines del año pasado con los movimientos sociales su integración al esquema de gobierno de Kicillof.

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¿Un plan o un sueño?: Macri, Cristina y demás problemas de la oposición para dejar de ser comparsa

El Ejecutivo intenta capitalizar las diferencias en Unión por la Patria, la UCR y el PRO y rivalizar únicamente con el peronismo de cara a las legislativas del año que viene. Los movimientos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

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Entre los principales recursos con los que cuenta Javier Milei, tanto en el terreno electoral como, más todavía, en la disputa por definir el rumbo que tome el país, se suele destacar el flaco papel que han venido haciendo, y tal vez sigan haciendo, los demás partidos.

¿Ello obedece a que estos no tienen ni tendrán nada nuevo para ofrecer al país, son solo rémoras de un pasado que acumuló demasiados fracasos, o a que sus viejos líderes, demasiado desgastados por esa acumulación de fracasos, deben hacerse cuanto antes a un lado para permitir su renovación?

El oficialismo se inclina por lo primero. Y el horizonte político que desea para el país así lo evidencia. Lo dejó bien en claro en una reciente entrevista Patricia Bullrich, exladera de Mauricio Macri y de momento puntal de la construcción política de Milei, tal vez solo superada en ese rol por su hermana Karina y por el ministro Francos. Bullrich lanzó allí un pronóstico sobre las próximas elecciones legislativas, que pretende ser más que eso, quiere ser un plan: “En 2025 va a haber dos propuestas, la del cambio y la retrógrada”, dijo. En pocas palabras, Bullrich y el Gobierno esperan que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio.

Este plan oficial, en concreto, les permitiría lograr dos objetivos. Primero, que el peronismo siga bajo la hegemonía del kirchnerismo, en lo posible de la propia Cristina, y no surja entonces de allí nada más innovador para atraer a los electores. Segundo, que todas las fuerzas políticas moderadas o de centro, desde el radicalismo y el peronismo disidente hasta el mismo PRO, sean absorbidas por LLA o se vuelvan irrelevantes, porque sus votos migren masivamente, como ya sucedió en la segunda vuelta del año pasado, hacia los candidatos que ofrezca el mileismo.

 El Gobierno espera que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)
El Gobierno espera que el año que viene compitan solamente sus listas y las del kirchnerismo, que no haya nada en el medio. (Foto: REUTERS/Matias Baglietto)

Ahora bien, ¿es este un plan o solo un sueño? ¿Va a encontrar el partido oficial el impulso suficiente de la economía para moldear la competencia hacia esta escena soñada? Habrá que ver. De momento lo está intentando, y lo cierto es que recibe bastante ayuda, no tanto de la economía, al menos de momento, como de los demás actores políticos.

En las últimas semanas, han llamado la atención de los observadores los intentos bastante desesperados tanto de Cristina como de Macri por volver a la escena, recuperar protagonismo ante el Gobierno, y también frente a actores con ellos en competencia por destacar en sus respectivos espacios.

Cristina lo viene haciendo con una regular intervención semanal, en actos masivos que se parecen bastante a los que hacía mientras fue vicepresidenta, y se vio ya para lo que le pueden servir: de bastante poco o nada.

Macri, por su parte, está buscando hace meses la quinta pata al gato para darle impacto a su recontra anunciado regreso a la presidencia del PRO, sin mayor éxito. Tal vez por haberse resignado paulatinamente a no contar en esta operación con la compañía de otras figuras importantes de su partido, como la propia Bullrich, o Larreta, tampoco los gobernadores Rogelio Frigerio o Nacho Torres, o siquiera de su primo Jorge.

Mauricio Macri. (Foto: NA / Mariano Sánchez)
Mauricio Macri. (Foto: NA / Mariano Sánchez)

En ambos casos se trata de líderes que creen seguir siendo imprescindibles para mantener unidas y en pie a sus respectivas fuerzas. Pero que por eso mismo obstruyen la posibilidad de que estas se renueven, suelten el lastre acumulado por los errores y los fracasos acumulados en los últimos años, y ofrezcan liderazgos y propuestas tal vez un poco más competitivos frente a Milei y su gente.

En el caso de Cristina, es evidente, sus intervenciones no solo están dirigidas a aprovechar lo que cree es un momento crítico para la consolidación del proyecto del Presidente, y la oportunidad que piensa se le abrió al respecto con la marcha universitaria, sino a combatir la amenaza de una rebelión interna contra sus seguidores más fieles, los de La Cámpora. Y entre esas amenazas internas destaca la de Axel Kicillof. Quien, para irritación de la señora, se viene sacando fotos con todo el mundo, desde la cúpula de la CGT hasta los gobernadores de JxC Torres y Pullaro, algo que, claro, Cristina no puede hacer ni emular: hace años que solo se saca fotos con ella misma. Y por más que lo de Kicillof no vaya mucho más allá de la foto, supone una amenaza suficiente para ella: debe sentirse más sola que nunca, y saber que ya nada le garantiza que, en ese giro al centro del gobernador bonaerense, no se esconda, en lo que le toca, un nuevo abandono a su suerte en los tribunales, y para su gente, la marginación en las próximas listas de candidatos.

Cristina Kirchner. (Foto: AFP)
Cristina Kirchner. (Foto: AFP)

En cuanto a Macri, lo ha intentado todo para evitar su sucesión, y sigue tratando que algo le funcione. Decidido a pasar por alto un hecho cada vez más palmario: entre los dirigentes no kirchneristas es solo superado por Larreta Lousteau en su índice de rechazo en las encuestas. Retomar la presidencia partidaria no va a resolver ese problema, puede agravarlo, y perjudicar aún más a su partido. Tal vez la única forma de evitarlo sería, una vez que esté al frente, organizar las cosas para hacer bien lo que hizo mal en 2019 con Bullrich: prepararle el terreno a un sucesor, que debería ser ahora necesariamente uno de los gobernadores, y dar un definitivo paso al costado.

Pero la política argentina es muy curiosa, todos la sufren, pero nadie quiere abandonarla. Seguramente porque esperan que los ciclos de inestabilidad, las crisis recurrentes y los frecuentes ataques de amnesia que la caracterizan jueguen a su favor, y les ofrezcan una nueva oportunidad. Detrás de ese sueño han ido infinidad de “ex”, insistiendo hasta el final en ser todavía promesas. La enorme mayoría, sin éxito, para desgracia de sus seguidores y ventaja de sus adversarios. Milei debe estar muy agradecido.

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