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Sociedad

Ana Falú: “Debemos pensar nuestras ciudades y barrios atendiendo a las vejeces y sus diversidades”

Ana Falú: “Debemos pensar nuestras ciudades y barrios atendiendo a las vejeces y sus diversidades”

Cómo se puede avanzar hacia la construcción de ciudades y barrios atendiendo las necesidades y especificidades de una población que envejece, siempre de manera heterogénea, y que demanda atender “las injusticias estructurales de nuestros territorios latinoamericanos”, es sobre lo que se interroga y reflexiona la arquitecta y referente en la lucha por los derechos humanos y de las mujeres, Ana Falú.

En diálogo con Télam, Falú plantea la necesidad de construir “un nuevo abordaje para mirar y pensar nuestras ciudades y barrios” frente a esta población que envejece, atendiendo “a las vejeces y su diversidad, en clave feminista y de derechos”.

– ¿En qué consistiría un nuevo enfoque del urbanismo que dé respuesta al envejecimiento poblacional?
– En primer lugar, es necesario un abordaje plural, de la diversidad, que cuestione esas categorías que neutralizan y omiten sujetos en la planificación y en el urbanismo. De esto hay que hablar cuando pensamos en avanzar hacia ciudades más inclusivas y democráticas. Hay un avance de la ciencia y de las formas de vivir que hace que haya millones de personas mayores de 65 años y más. Hay que saber quiénes son, dónde viven, cómo habitan y analizar la intersección de los territorios y de las condiciones situadas de esos territorios

– ¿Están avanzando las políticas públicas en ese sentido?
– Es interesante porque el envejecimiento de la población empuja a toda una tecnología empresarial a negocios de distinta índole, pero no empuja de igual manera a la política pública para atender aquellas vejeces que no tienen esos mismos recursos ni riquezas. Esta preocupación sobre la vejez y en particular sobre la vejez de las mujeres es algo que interesa de manera muy reciente a la política pública, que deberá atender las injusticias estructurales que se despliegan en nuestras ciudades y territorios latinoamericanos, especialmente después de la pandemia y un neoliberalismo rampante.

– ¿Qué hay que tener en cuenta para crear ciudades y barrios más inclusivos para las vejeces?
– Es necesario que tengamos un nuevo enfoque para mirar la materialidad de la ciudad considerando estos cuerpos distintos, avejentados, que necesitan caminar y tener apoyos, que necesitan tener veredas anchas para poder ir despacito, con el bastón o el andador, que necesitan tener bancos para poder sentarse, descansar y volver a encontrar la marcha. Eso es pensar una ciudad -y hay muchas que lo vienen pensando- en clave de la vejez, pensando en los viejos y las viejas.

Fotos: Alejandro Santa Cruz.

– ¿Cómo es la experiencia de las personas mayores de habitar nuestras ciudades actualmente?
– En nuestro país, rara vez los viejos y las viejas salen a las calles, sobre todo cuando tienen alguna dificultad. Tienen miedo de salir a caminar despacito. Esto sucede, no sólo por la percepción del peligro y la inseguridad, sino porque la ciudad y los barrios no están preparados para eso, temen las condiciones físicas de la ciudad, que no está preparada con diseños universales, con accesibilidad segura, con equipamiento pensado en clave de personas mayores.

“Es necesario que tengamos un nuevo enfoque para mirar la materialidad de la ciudad considerando estos cuerpos distintos, avejentados, que necesitan caminar y tener apoyos, que necesitan tener veredas anchas para poder ir despacito, con el bastón o el andador, que necesitan tener bancos para poder sentarse, descansar y volver a encontrar la marcha”

– ¿Y sus propias viviendas?
– Es un tema importante porque las viviendas no están pensadas para las personas mayores. Hay que debatir la política habitacional, los viejos no quieren vivir encerrados en geriátricos. Les vendría maravilloso tener unidades habitacionales en barrios donde puedan convivir con niños que juegan, con adolescentes en patinetas o adolescentes enamorándose. Que puedan convivir con la vida.

– ¿Cómo son las condiciones de las personas mayores que viven en territorios más vulnerables?
– En los territorios con condiciones de vulnerabilidad, la vida de esos viejos y viejas que allí habitan es mucho más difícil. Cuando el transporte no llega, cuando la inseguridad genera temores, cuando el centro de salud no está próximo, cuando no existen las veredas. Hay que transversalizar el tema en las desigualdades de las personas. Estos son los interrogantes que tenemos que hacernos cuando pensamos cómo planificamos y qué derechos tienen las viejas y los viejos en relación a las ciudades.

Foto Alejandro Santa Cruz

Foto: Alejandro Santa Cruz.

– ¿Y para las mujeres mayores específicamente?
– Sabemos que las mujeres sobreviven a los hombres, tienen más expectativa de vida. Sin embargo, esas mujeres viejas tienen condiciones de vida distintas que las condiciones de vida de los hombres. Hay que reconocer esas trayectorias y las condiciones de sus cuerpos, que sufren más enfermedades incapacitantes, como las artritis, las artrosis, y que además son cuidadoras. Mujeres que son muy diversas y que lo primero es conocer quiénes son, cómo son sus condiciones de vida, no sólo sus ingresos, si son pensionadas o jubiladas, sino cuáles son los soportes afectivos o materiales que tienen estas mujeres. Todas estas cosas convergen cuando pensamos en la vejez de las mujeres y hay que tenerlas en cuenta cuando pensamos en los territorios, los barrios, los servicios, la planificación urbana.

BARRERAS ARQUITECTÓNICAS QUE IMPIDEN LA INTEGRACIÓN DE LAS VEJECES EN LAS CIUDADES

Veredas obstaculizadas o rotas, colectivos con escalones altos, semáforos que cortan rápido y escasez de bancos para descansar son algunas de las barreras arquitectónicas y urbanísticas que la gerontóloga y docente de la Universidad Maimónides, Olga Chiadó, destacó como “cuestiones prontamente a resolver” en los barrios y ciudades del país.

“Si vamos camino a una población envejecida, es urgente mejorar los espacios tanto privados como públicos y eliminar las barreras arquitectónicas y urbanísticas, tecnológicas, crear ciudades amigables con los mayores”, expresó Chiadó (78).

Las barreras, aseguró, las ven a diario: veredas en malas condiciones, ocupadas por motos, sillas y otras cosas “que no deberían estar ahí”, la falta de rampas, en mal estado u obstaculizadas por un vehículo.

“También los semáforos que no están regulados para el paso de una persona mayor. Cruzar la (avenida porteña) 9 de julio, por ejemplo, es una odisea para nosotros”, aseguró.

Si bien con mejoras en los últimos años, el transporte público “es un gran limitante porque los colectivos no están diseñados para personas mayores, hay que ser equilibrista para no caerse por los movimientos bruscos o porque a veces hay que dar un salto para llegar al asiento, que están a 40 centímetros del piso”.

Mejorar la accesibilidad del transporte público es “urgente” ya que, por evitar riesgos, las personas mayores “terminan gastando mucho más dinero para transportarse o quedándose en sus casas porque no se puede viajar así”.

Asimismo, destacó la importancia de colocar más asientos en las ciudades para que la gente mayor que sale a caminar pueda sentarse a descansar, como así también mayor cantidad de plazas y espacios verdes “porque un hábitat saludable es fundamental para la salud y la vitalidad”.

En cuanto a las viviendas, Chiadó recordó algunas recomendaciones como tener baños apropiados, sin bañeras ni alfombras movibles; barrales para agarrarse; evitar las escaleras y pisos altos; muebles que estén a la altura de las personas mayores, entre otras.

“La realidad es que las casas envejecen con las personas y siempre son necesarias modificaciones que cuestan mucho dinero en algunos casos. Es importante que desde los gobiernos se fomenten programas y presupuesto para evitar la institucionalización de las personas mayores y que puedan seguir viviendo en sus casas, pero adaptadas”, concluyó.

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