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Economia

Duro momento de una empresaria cordobesa por el cepo: “Si no puedo producir, ¿cómo pago los sueldos?”

Valeria Piersanti está al frente de la empresa familiar de maquinaria agrícola. Advierte que las trabas para girar dólares son una seria amenaza

En la Argentina conviven muchas realidades, y las del interior profundo del país, en pueblos alejados de la ruta y de los escritorios donde se toman decisiones, son poco conocidas. Valeria Piersanti está al frente de la fábrica de implementos agrícolas fundada por su padre en 1986. Vive y trabaja en Noetinger, un pueblo de 6.000 habitantes al sureste de Córdoba con un perfil netamente industrial, y donde la desocupación no existe. Si bien ahora se le suma la problemática para la importación de insumos.

Desde sus comienzos, Piersanti apostó a la innovación, desarrollando una plataforma propia, “draper”, para las cosechadoras de soja, y acaba de recibir el premio a la Innovación CITA (Centro de Innovación Tecnológica Agropecuaria) 2022 en la Exposición Rural.

“Siempre invertimos en innovar y en desarrollar nuevas tecnologías e implementos, pero el problema es que hay faltantes de mercadería y va a haber mucho más si no hay cambios en las medidas económicas”, dice.

Tenemos que renovar stock para entregar máquinas a 90, 180 días y para el año que viene. Y a las dificultades que ya teníamos por la inflación local y mundial, y por el retraso en las entregas de los proveedores, se sumaron las restricciones para conseguir divisas y pagar importaciones. El tema es que nosotros no ponemos las condiciones, sino que las pone el proveedor. Si no pagás, no te entrega los insumos, y sin ellos no podemos producir”, grafica la empresaria Pyme.

En la empresa, siempre invierten en innovación y desarrollo

 

La firma se provee mayormente con insumos locales, pero hay un insumo importado, que si bien representa solo el 5% del valor de las máquinas, es esencial para fabricarlas.

“Es una tela de caucho que no logramos sustituir con proveedores locales y tenemos que importarla de Estados Unidos”, explica. El problema, según la empresaria, es que deben planificar las ventas para la campaña de soja 2023 y la falta de certidumbre amenaza con paralizar las ventas.

Futuro incierto: producción, infraestructura y personal calificado

 

Piersanti ocupa hoy a 25 personas en forma directa. “Podríamos tomar más y aumentar la producción. Pero la realidad es que cuesta conseguir personas calificadas, y tampoco hay infraestructura en el pueblo. Faltan viviendas, estamos alejados de la Ruta 9 y a veces cuesta llegar por el estado de los caminos. Recién hace un año tenemos gas natural”, describe.

“Si no podemos producir, ¿qué hacemos con la gente? ¿Cómo pagamos los sueldos?”, se pregunta la empresaria.

Valeria Piersanti está al frente de la fábrica de implementos agrícolas fundada por su padre en 1986

 

“Los productores, que son nuestros clientes, siempre tratan de tecnificarse e invertir en nuevas máquinas. Lo hicieron en años como el 2018 y 2019, cuando las tasas de los créditos eran muy altas, y entonces los fabricantes les financiábamos la compra. Ahora todavía hay tasas convenientes, pero no se sabe por cuánto tiempo”, apunta y señala que, en muchos casos, los productores guardan su cosecha no para “sentarse arriba de la silobolsa”, sino como reserva de valor. Y luego le pagan al fabricante de maquinaria, no con dinero, sino con esos granos que guardaron.

Invertir e innovar, pese a todo

 

La innovación es parte del ADN de esta pyme. Su fundador, Juan Carlos Piersanti, había trabajado 18 años en Araus, otra fábrica de maquinaria de la zona. Y en 2016 empezó en un pequeño taller a adaptar los cabezales de las cosechadoras de arroz a la soja, el cultivo que empezaba a imponerse. Así se convirtió en el principal proveedor de esa empresa. Y fue creciendo en base a esfuerzo, inventiva y reinversión de utilidades.

La innovación es parte del ADN de esta pyme

 

Desde 2008, sus hijas se incorporaron a la compañía. Valeria y Luciana están en el día a día de la fábrica, y Antonella, que también es socia, se dedica a su profesión como locutora.

El siguiente salto tecnológico de la empresa fue en 2010, en pleno conflicto por la 125 (el intento de imponer retenciones móviles a la soja). “Presentamos el primer draper, una plataforma alimentada por cintas de lona que resultaba un cambio tecnológico en la forma de cosechar”, cuenta Valeria. “Teníamos que probarlo en el campo, pasábamos entre los piquetes, porque lo poco que teníamos lo habíamos invertido en ese proyecto”.

Finalmente, el desarrollo salió al mercado. Hoy los cabezales y drapers Piersanti sustituyen importaciones y se acoplan a cosechadoras de cualquier marca y modelo.

Sobre esta base, la compañía siguió innovando y desarrolló un nuevo producto, que fue el ganador del premio CITA . Se trata de un “agrupador, hilerador, invertidor de hileras” para el forraje. Si bien este implemento existe en el mercado internacional, su diferencial es que se adapta a las condiciones de los campos argentinos.

“Con este producto, entramos a la categoría de forrajes, cuando siempre habíamos estado en el mercado de granos y legumbres”, cuenta Valeria con orgullo. “Fue un desarrollo nacido de la pandemia. Estuvimos 20 días cerrados, y como no podíamos ir a la fábrica, empezamos a desarrollar los planos y compartirlos por zoom. Las primeras pruebas se hicieron en campos de Salta, por videollamadas y fotos por WhatsApp. Mi padre nos enseñó a ir para adelante, pese a todos los obstáculos”, afirma la empresaria.

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